La imagen del lecho seco y agrietado de la laguna de Aculeo, a unos 40 kilómetros al sur de Santiago, se convirtió en 2018 en el símbolo de la profunda crisis hídrica que afecta a la zona central de Chile. Aunque inicialmente la culpa recayó sobre la megasequía y el cambio climático, un nuevo estudio científico apunta a la insostenible extracción de agua para consumo humano como principal causa. La investigación, liderada por el académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental de la Universidad de Santiago (Usach), Alberto Alaniz, junto con la Universidad de Arizona, concluye que la laguna no se habría secado únicamente por la disminución de las lluvias. El estudio se basó en un análisis detallado de imágenes satelitales y modelos matemáticos durante un período de 15 años (2010-2024), reconstruyendo tanto las entradas de agua a la cuenca como, crucialmente, las extracciones. «Lo que hicimos fue hacer un barrido completo de la laguna durante los últimos 15 años», explicó Alaniz, detallando un proceso que identificó tanto los puntos de extracción declarados, es decir, con derechos de aprovechamiento, como los no declarados, como piscinas y tranques agrícolas. Consumo de agua excesivo El análisis de los datos demuestra una presión creciente sobre los recursos hídricos de la cuenca, justo cuando la sequía se agudizaba. Contrario a lo que se podría esperar en un escenario de escasez, los derechos de agua otorgados por el Estado no solo se mantuvieron, sino que se incrementaron un 87,4% entre 2010 y 2024, pasando de 229,1 a 429,4 litros por segundo. El crecimiento del consumo no declarado fue aún más dramático. El número de piscinas en la zona aumentó de 390 a 1.082 en el mismo período, lo que representa un alza del 421% en la extracción de agua para fines recreativos. A su vez, los tranques agrícolas, destinados principalmente a monocultivos frutales, pasaron de 4 a 41, multiplicando por más de diez su consumo hídrico. La gran diferencia entre la laguna y la severa sequía de 1968, según el estudio, es que en aquella época «no existían los montos gigantes de extracción de agua que existen ahora». Esto refuerza la idea de que la cuenca de Aculeo sufrió una «sequía hidrológica» más que una simple sequía climática. La urgencia de protección ambiental Los hallazgos del estudio subrayan la necesidad de una gestión hídrica más rigurosa y adaptada a la nueva realidad climática del país. Frente a este diagnóstico, el académico de la Usach propone medidas concretas y urgentes. La primera es declarar la laguna Aculeo como humedal urbano, amparándose en la Ley 21.202, para asegurar su protección oficial y regular los usos de suelo en su entorno. Esta medida es fundamental para evitar nuevas intervenciones hidrológicas y comenzar un proceso de recuperación sostenible. Además, Alaniz enfatizó la necesidad de «hacer una regularización en esta zona, además de no realizar nuevas intervenciones hidrológicas», además de destinar fondos estatales para el monitoreo continuo, evitando que la historia de Aculeo se repita en otros lagos y lagunas del país.
En Chile no hay dudas sobre el cambio climático. La Encuesta PAIS 2025 muestra que sus habitantes tienen un alto reconocimiento de este fenómeno global, incluso mayor a países desarrollados. También hay rasgos de ecoansiedad en la población, ya que la crisis climática se percibe como real y con impactos negativos para los habitantes del territorio. Según el estudio -presentado por la Dirección de Estudios Sociales UC (DESUC)-, el 82% de los chilenos cree que el cambio climático “ya está sucediendo” y el 69% proyecta que sus efectos tendrán un impacto “negativo” o “muy negativo” en la calidad de vida de las personas en el país. Esta sensación es más marcada en las mujeres y en el grupo de 18 a 45 años. Enfrentar este fenómeno se percibe como algo prioritario en el discurso: el 61% de los encuestados cree que debe priorizarse la lucha contra el cambio climático aunque implique limitar el crecimiento económico. Esta postura aumenta en jóvenes de 18 a 30 años y también en quienes se posicionan en la izquierda. Respecto de quién se debe hacer cargo de afrontar este problema, los encuestados piensan que la responsabilidad de tomar medidas recae, en primer lugar, en el Gobierno (41%) y luego en las empresas (26%). Solo en tercer lugar mencionan a las personas (24%). En esa línea, el 83% apoya una mayor regulación del Estado a las empresas para que inviertan en energías limpias, y el 65% valora que se aceleren proyectos de energía renovable eliminando trabas burocráticas. No obstante, si bien existe preocupación por el futuro, se percibe un rechazo a internalizar los costos personales de combatir la crisis climática. Esto se manifiesta en un mayor respaldo a las acciones que implican costos difusos para las personas: por ejemplo, el 77% apoya que se invierta en energías renovables con costos para el país; pero esto baja cuando se trata de medidas que afectan directamente al bolsillo de las personas, como que aumente el costo de venta de autos a gasolina o diésel a partir de 2035, lo que solo es avalado por el 47%. “Hay conciencia del problema, pero se percibe como un desafío de mediano plazo. Esto permite cierto grado de performatividad. Mostramos preocupación, pero rechazamos internalizar costos cuando nos afectan directamente”, Cristián Ayala, director de DESUC. Hay preocupación, pero no se aceptan costos de afrontarlo Respecto de los resultados, el director de DESUC, Cristián Ayala, comenta que la conciencia del problema en Chile es alta, pero se tiende a privilegiar el beneficio de corto plazo. En ese sentido, las personas sienten preocupación, pero no necesariamente aceptan costos o generan acciones concretas para remediarlo, como separar basura reciclable, entre otras medidas. “Hay conciencia del problema, pero se percibe como un desafío de mediano plazo. Esto permite cierto grado de performatividad. Mostramos preocupación, pero rechazamos internalizar costos cuando nos afectan directamente”, señala. Sobre este tema, Esteban Delgado, asesor en Medio Ambiente y Biodiversidad del PNUD, menciona que “la profundidad de las acciones depende de cuánto afectan la cotidianeidad. No es solo un tema de costos, sino de cambiar hábitos”. El director del Instituto de Sociología UC, Matías Bargsted, concuerda en que, para cambiar comportamientos, es necesario también facilitarles a las personas los medios para la generación de esas acciones. La Encuesta PAIS es un estudio de opinión pública con representatividad nacional. Su objetivo es aportar evidencia para el debate público sobre los desafíos contemporáneos de Chile. La versión 2025 fue aplicada entre el 24 de junio y el 10 de julio mediante entrevistas telefónicas a una muestra de 1.000 personas, con un margen de error de ±3,1%.
La imagen del lecho seco y agrietado de la laguna de Aculeo, a unos 40 kilómetros al sur de Santiago, se convirtió en 2018 en el símbolo de la profunda crisis hídrica que afecta a la zona central de Chile. Aunque inicialmente la culpa recayó sobre la megasequía y el cambio climático, un nuevo estudio científico apunta a la insostenible extracción de agua para consumo humano como principal causa. La investigación, liderada por el académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental de la Universidad de Santiago (Usach), Alberto Alaniz, junto con la Universidad de Arizona, concluye que la laguna no se habría secado únicamente por la disminución de las lluvias. El estudio se basó en un análisis detallado de imágenes satelitales y modelos matemáticos durante un período de 15 años (2010-2024), reconstruyendo tanto las entradas de agua a la cuenca como, crucialmente, las extracciones. «Lo que hicimos fue hacer un barrido completo de la laguna durante los últimos 15 años», explicó Alaniz, detallando un proceso que identificó tanto los puntos de extracción declarados, es decir, con derechos de aprovechamiento, como los no declarados, como piscinas y tranques agrícolas. Consumo de agua excesivo El análisis de los datos demuestra una presión creciente sobre los recursos hídricos de la cuenca, justo cuando la sequía se agudizaba. Contrario a lo que se podría esperar en un escenario de escasez, los derechos de agua otorgados por el Estado no solo se mantuvieron, sino que se incrementaron un 87,4% entre 2010 y 2024, pasando de 229,1 a 429,4 litros por segundo. El crecimiento del consumo no declarado fue aún más dramático. El número de piscinas en la zona aumentó de 390 a 1.082 en el mismo período, lo que representa un alza del 421% en la extracción de agua para fines recreativos. A su vez, los tranques agrícolas, destinados principalmente a monocultivos frutales, pasaron de 4 a 41, multiplicando por más de diez su consumo hídrico. La gran diferencia entre la laguna y la severa sequía de 1968, según el estudio, es que en aquella época «no existían los montos gigantes de extracción de agua que existen ahora». Esto refuerza la idea de que la cuenca de Aculeo sufrió una «sequía hidrológica» más que una simple sequía climática. La urgencia de protección ambiental Los hallazgos del estudio subrayan la necesidad de una gestión hídrica más rigurosa y adaptada a la nueva realidad climática del país. Frente a este diagnóstico, el académico de la Usach propone medidas concretas y urgentes. La primera es declarar la laguna Aculeo como humedal urbano, amparándose en la Ley 21.202, para asegurar su protección oficial y regular los usos de suelo en su entorno. Esta medida es fundamental para evitar nuevas intervenciones hidrológicas y comenzar un proceso de recuperación sostenible. Además, Alaniz enfatizó la necesidad de «hacer una regularización en esta zona, además de no realizar nuevas intervenciones hidrológicas», además de destinar fondos estatales para el monitoreo continuo, evitando que la historia de Aculeo se repita en otros lagos y lagunas del país.
En Chile no hay dudas sobre el cambio climático. La Encuesta PAIS 2025 muestra que sus habitantes tienen un alto reconocimiento de este fenómeno global, incluso mayor a países desarrollados. También hay rasgos de ecoansiedad en la población, ya que la crisis climática se percibe como real y con impactos negativos para los habitantes del territorio. Según el estudio -presentado por la Dirección de Estudios Sociales UC (DESUC)-, el 82% de los chilenos cree que el cambio climático “ya está sucediendo” y el 69% proyecta que sus efectos tendrán un impacto “negativo” o “muy negativo” en la calidad de vida de las personas en el país. Esta sensación es más marcada en las mujeres y en el grupo de 18 a 45 años. Enfrentar este fenómeno se percibe como algo prioritario en el discurso: el 61% de los encuestados cree que debe priorizarse la lucha contra el cambio climático aunque implique limitar el crecimiento económico. Esta postura aumenta en jóvenes de 18 a 30 años y también en quienes se posicionan en la izquierda. Respecto de quién se debe hacer cargo de afrontar este problema, los encuestados piensan que la responsabilidad de tomar medidas recae, en primer lugar, en el Gobierno (41%) y luego en las empresas (26%). Solo en tercer lugar mencionan a las personas (24%). En esa línea, el 83% apoya una mayor regulación del Estado a las empresas para que inviertan en energías limpias, y el 65% valora que se aceleren proyectos de energía renovable eliminando trabas burocráticas. No obstante, si bien existe preocupación por el futuro, se percibe un rechazo a internalizar los costos personales de combatir la crisis climática. Esto se manifiesta en un mayor respaldo a las acciones que implican costos difusos para las personas: por ejemplo, el 77% apoya que se invierta en energías renovables con costos para el país; pero esto baja cuando se trata de medidas que afectan directamente al bolsillo de las personas, como que aumente el costo de venta de autos a gasolina o diésel a partir de 2035, lo que solo es avalado por el 47%. “Hay conciencia del problema, pero se percibe como un desafío de mediano plazo. Esto permite cierto grado de performatividad. Mostramos preocupación, pero rechazamos internalizar costos cuando nos afectan directamente”, Cristián Ayala, director de DESUC. Hay preocupación, pero no se aceptan costos de afrontarlo Respecto de los resultados, el director de DESUC, Cristián Ayala, comenta que la conciencia del problema en Chile es alta, pero se tiende a privilegiar el beneficio de corto plazo. En ese sentido, las personas sienten preocupación, pero no necesariamente aceptan costos o generan acciones concretas para remediarlo, como separar basura reciclable, entre otras medidas. “Hay conciencia del problema, pero se percibe como un desafío de mediano plazo. Esto permite cierto grado de performatividad. Mostramos preocupación, pero rechazamos internalizar costos cuando nos afectan directamente”, señala. Sobre este tema, Esteban Delgado, asesor en Medio Ambiente y Biodiversidad del PNUD, menciona que “la profundidad de las acciones depende de cuánto afectan la cotidianeidad. No es solo un tema de costos, sino de cambiar hábitos”. El director del Instituto de Sociología UC, Matías Bargsted, concuerda en que, para cambiar comportamientos, es necesario también facilitarles a las personas los medios para la generación de esas acciones. La Encuesta PAIS es un estudio de opinión pública con representatividad nacional. Su objetivo es aportar evidencia para el debate público sobre los desafíos contemporáneos de Chile. La versión 2025 fue aplicada entre el 24 de junio y el 10 de julio mediante entrevistas telefónicas a una muestra de 1.000 personas, con un margen de error de ±3,1%.