Una nueva generación de conectividad inalámbrica fue presentada en la Mobile World Congress 2026, en Barcelona (España): la red 6G. Se trata de una tecnología que actualmente está en fase experimental y cuya llegada para usuarios normales se proyecta para después de 2030. No obstante, el desarrollo implica también un cambio en los dispositivos. Hoy no existen equipos en el mercado con capacidad de 6G, por lo que su implementación requerirá una actualización tecnológica. Alejandro Reid, doctor en Comunicación y académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que la principal diferencia con la generación anterior está en la velocidad. Un salto generacional Según indica el experto, la tecnología 5G puede conectar dispositivos a una velocidad de hasta 10 gigas (GB), mientras que la 6G podría alcanzar hasta 100 GB. Ese aumento, implica “ una mayor instantaneidad en la velocidad de conexión y menor latencia ”, es decir, una reducción en la intermitencia entre el envío y la recepción de información. Además, la 6G incorpora un modelo integrado de inteligencia artificial para manejar la saturación de la red en contextos de alta demanda, explica el académico Uandes. De este modo, “cuando la 5G se satura en los estadios o en la Quinta Vergara (…) el sistema es capaz de generar una conectividad y priorizar cierta cantidad de datos ”. Finalmente, Reid subraya que esta tecnología abarca un proceso gradual que comenzaría en 2027 o 2028 : “Esto va a seguir creciendo hacia adelante, y vamos a tener mucha mejor capacidad de comunicación inalámbrica, y esto en los próximos años lo vamos a ir viendo cada vez más cerca ”.
La ansiedad es uno de los problemas de salud mental más frecuentes a nivel mundial. Dentro de este espectro, el trastorno de ansiedad social se manifiesta como un miedo intenso a situaciones en las que la persona siente que puede ser evaluada o juzgada, como hablar frente a otras personas. Con el objetivo de explorar nuevas herramientas terapéuticas, investigadores del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile investigaron cómo se aprende y mantiene este miedo, y evaluaron un protocolo de terapia de exposición apoyado con realidad virtual. El estudio, publicado en la revista Behavioral Psychology/Psicología Conductual, mostró que esta estrategia puede aumentar la confianza al hablar en público y disminuir las auto verbalizaciones negativas, es decir, los pensamientos críticos que surgen al enfrentar estas situaciones. «La idea es exponer a los pacientes a un entorno controlado donde puedan enfrentar el miedo. Eso permite una exposición más gradual; el terapeuta puede personalizar los entornos y, al ser controlado, puede hacerse más llevadero y más fácil de aplicar», señala Matías Silva, psicólogo integrante del equipo. Exposición al miedo en entornos virtuales La terapia de exposición es una de las estrategias con mayor respaldo científico para tratar trastornos de ansiedad. Consiste en que la persona enfrente gradualmente aquello que teme, en condiciones controladas y seguras. «La exposición implica confrontar repetidamente el estímulo temido, pero en ausencia de una amenaza real «, explica la académica Vanetza Estela Quezada Scholz, quien lideró el estudio. En el caso del miedo a hablar en público, recrear estas situaciones en una consulta puede ser complejo. Por eso, la realidad virtual permite simular distintos escenarios y ajustar variables como el tamaño de la audiencia o las reacciones del público. Resultados del ensayo piloto Los participantes realizaron entre siete y ocho sesiones de tratamiento, organizadas en módulos que incluían psicoeducación sobre la ansiedad, trabajo en flexibilidad cognitiva, exposición en realidad virtual y un cierre orientado a consolidar herramientas. Durante las sesiones se utilizaron cinco escenarios virtuales, que iban desde espacios pequeños como oficinas hasta auditorios con mayor público, las exposiciones no superaban los 30 minutos por sesión. Uno de los aspectos evaluados fue el cambio en las auto verbalizaciones negativas, es decir, el diálogo interno que aparece cuando una persona enfrenta una situación temida. «Cuando el cerebro aprende que hablar frente a otras personas es peligroso, la persona empieza a evitar. A corto plazo eso alivia, pero a largo plazo mantiene el miedo», explica Silva. Los resultados mostraron señales de disminución de estos pensamientos y un aumento de la confianza para hablar en público. «Este es un estudio piloto. No es definitivo, pero sí muy prometedor «, agrega el investigador. Desafíos para su implementación Pese a sus ventajas, la aplicación clínica de realidad virtual aún enfrenta algunas barreras en Chile y Latinoamérica. «Es muy difícil encontrar un buen software en español que permita abarcar una amplia variedad de situaciones de exposición», explica la Dra. Quezada. A esto se suman los costos de las licencias, que pueden superar los mil dólares anuales. Sin embargo, el equipo plantea que esta línea de investigación también podría avanzar hacia intervenciones más accesibles, que en el futuro puedan implementarse en pantallas u otros dispositivos, ampliando su alcance en tratamientos de salud mental.
WhatsApp prepara una nueva función pensada para las familias: las cuentas administradas por padres, madres o tutores, un sistema que permitirá que los menores utilicen la plataforma bajo supervisión. Tal y como ha explicado la compañía, el objetivo es ofrecer una experiencia más segura para los preadolescentes, limitando el uso a mensajes y llamadas y dando a los adultos herramientas para controlar la actividad. Según explica la propia empresa en su blog oficial, gracias a la colaboración de familias y expertos, la plataforma ha diseñado este nuevo sistema de cuentas gestionadas para adaptar la aplicación a usuarios más jóvenes y ofrecer más garantías de seguridad en su uso cotidiano. Cómo funcionarán las cuentas con control parental Las nuevas cuentas estarán disponibles para menores de 13 años o por debajo de la edad mínima establecida en cada país. Para activarlas, será necesario que el padre, madre o tutor configure el perfil desde su propio teléfono y el dispositivo del menor, vinculando ambas cuentas mediante un código QR. Una vez configurada la cuenta, los adultos podrán decidir quién puede comunicarse con el menor y a qué grupos puede unirse. También tendrán la posibilidad de revisar solicitudes de mensajes procedentes de contactos desconocidos y gestionar diferentes ajustes de privacidad. El sistema incluye además un PIN parental de seis dígitos que protege las configuraciones. Solo el adulto responsable podrá modificar los ajustes, lo que permite controlar la experiencia del menor sin que este pueda alterar las restricciones establecidas. A pesar de estos controles, la compañía insiste en que se mantiene una de las características clave de la plataforma: la privacidad. Tal y como señala WhatsApp, todas las conversaciones seguirán protegidas por cifrado de extremo a extremo, lo que significa que nadie —ni siquiera la propia empresa— puede leer o escuchar los mensajes. El objetivo de WhatsApp: supervisión sin romper la privacidad El modelo busca equilibrar dos aspectos que suelen generar debate: la seguridad infantil y el derecho a la privacidad. Los padres tendrán acceso a herramientas y estadísticas relacionadas con el uso de la aplicación, especialmente en lo que respecta a los grupos, pero no podrán ver el contenido de las conversaciones. Según la empresa, el objetivo es ofrecer más información y herramientas de supervisión sin comprometer la confidencialidad de los mensajes. La compañía espera además recoger la opinión de las familias durante los próximos meses, ya que el despliegue de las cuentas administradas será gradual. Un debate cada vez más presente La iniciativa llega en un momento en el que el uso de móviles y redes sociales por parte de menores genera un intenso debate internacional. Países como Australia han impulsado restricciones para limitar el acceso a redes sociales a menores de 16 años, mientras que en España el Gobierno de Pedro Sánchez ha llevado al Congreso diferentes propuestas para regular el uso de plataformas digitales entre adolescentes. El objetivo de estas iniciativas es reducir los posibles efectos negativos de la exposición temprana a pantallas y redes sociales, especialmente en lo relacionado con la salud mental juvenil y la seguridad digital. Las cifras son innegables: según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías del Instituto Nacional de Estadística, casi el 68% de los niños españoles de entre 10 y 15 años utiliza teléfono móvil. En ese contexto, aplicaciones de mensajería como WhatsApp se han convertido en una de las principales herramientas de comunicación entre jóvenes. Un estudio sobre conectividad juvenil llevado a cabo por Qustodio indica que alrededor del 52% de los menores utiliza WhatsApp de forma activa, lo que la sitúa entre las plataformas más presentes en su día a día digital. Con la llegada de las cuentas supervisadas, WhatsApp apuesta por una fórmula intermedia: permitir el acceso a la plataforma, pero con controles que posibiliten a los padres establecer límites y supervisar la actividad. De este modo, la nueva herramienta pretende responder a una demanda creciente de las familias: ofrecer a los menores acceso a la tecnología, pero con mayor seguridad y acompañamiento.
En un avance significativo en el campo de la química y la sostenibilidad, un grupo de investigadores ha logrado desarrollar un método innovador para convertir el metano, el componente más simple y abundante del gas natural, en compuestos químicos complejos utilizados en productos farmacéuticos y otros productos de alto valor. Este avance desafía las creencias arraigadas sobre la baja reactividad del metano y abre nuevas posibilidades para una economía química más circular, que busca aprovechar de manera más eficiente los recursos naturales de nuestro planeta. REIMAGINANDO EL USO DEL GAS NATURAL Durante mucho tiempo, el metano ha sido valorado principalmente como combustible para generar calor y energía. Sin embargo, su combustión contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero, lo que agrava el cambio climático. Hasta ahora, transformar el metano en sustancias químicas útiles ha sido un desafío considerable debido a sus fuertes enlaces moleculares que lo hacen poco reactivo. Un equipo liderado por Martín Fañanás en el Centro de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares (CiQUS) ha logrado superar este desafío mediante la creación de un catalizador a base de hierro que activa el metano con luz visible. Al hacerlo, pueden unir fragmentos moleculares funcionales que actúan como mangos químicos para construir estructuras más complejas. UN CATALIZADOR INNOVADOR La clave de este avance radica en un catalizador supramolecular cuidadosamente diseñado, construido alrededor de un centro de hierro estabilizado en un entorno químico único. Este catalizador maneja los intermediarios reactivos para permitir la modificación selectiva del metano y otras moléculas similares sin generar subproductos no deseados. Sorprendentemente, los investigadores lograron sintetizar dimestrol (un compuesto bioactivo utilizado en terapia hormonal) directamente a partir del metano en una sola secuencia, demostrando así el potencial práctico de este enfoque para crear fármacos a partir de materias primas simples. HACIA UNA ECONOMÍA QUÍMICA MÁS SOSTENIBLE Más allá de su relevancia científica, este método ofrece ventajas ambientales significativas. El hierro es un elemento abundante, económico y mucho menos tóxico que los metales raros comúnmente utilizados en procesos catalíticos avanzados. Las reacciones se llevan a cabo en condiciones relativamente suaves y se alimentan con luz LED, lo que reduce tanto el consumo energético como el impacto ambiental. Al convertir el metano en intermedios químicos versátiles en lugar de quemarlo como combustible, los investigadores están sentando las bases para un enfoque más sostenible y circular en la fabricación de productos químicos y medicamentos a partir de materias primas derivadas de combustibles fósiles. La clave de este avance radica en el diseño de un catalizador basado en un anión tetracloroferrato estabilizado por cationes colidinio, concluye Martín Fañanás, investigador del Centro de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares (CiQUS) de la Universidad de Santiago de Compostela. Fuente: Publimetro
Astrónomos lograron captar una nueva postal del centro de la Vía Láctea, la más grande hasta ahora, gracias al radiotelescopio ALMA, que se encuentra en Chile, en pleno desierto de Atacama. La región vista en la imagen abarca más de 650 años luz y muestra densas nubes de gas y polvo alrededor del agujero negro supermasivo que está en el centro de la galaxia. Según informó el Observatorio Europeo Austral (ESO), esta es la primera vez que puede explorar en detalle el gas frío, que es la materia prima con la que se forman las estrellas en la Zona Molecular Central (CMZ por sus siglas en inglés) de la galaxia. Estos datos permitirán a los astrónomos conocer más sobre la vida de estas estrellas y también del agujero negro supermasivo que se encuentra allí. Ashley Thomas Barnes, astrónomo de ESO en Alemania que participó de esta investigación, expresó que esta zona “es un lugar de extremos, invisible a nuestros ojos, pero ahora revelado con extraordinario detalle”. ¿Por qué es importante ver el centro de la Vía Láctea? Los astrónomos están estudiando el gas molecular frío con ACES (ALMA CMZ Exploration Survey o sondeo de exploración de la zona molecular central con ALMA) para comprender su compleja química. Hasta ahora, han detectado varias moléculas diferentes, algunas simples como el monóxido de silicio, hasta otras orgánicas más complejas, como el metanol, la acetona o el etanol, por ejemplo. Las moléculas fluyen a través de los filamentos de gas cósmico y alimentan a grupos de materia que, en respuesta, pueden formar estrellas. Los astrónomos conocen este proceso en las afueras de la Vía Láctea, pero creen que en el centro estos eventos son más extremos. Steve Longmore, profesor de astrofísica en la Universidad John Moores de Liverpool y líder de ACES, explica que al estudiar cómo se forman estrellas en la CMZ “podemos obtener una imagen más clara de cómo crecieron y evolucionaron las galaxias”. “Creemos que la región comparte muchas características con las galaxias del universo temprano, donde las estrellas se formaban en entornos caóticos y extremos”, añade.
Una nueva generación de conectividad inalámbrica fue presentada en la Mobile World Congress 2026, en Barcelona (España): la red 6G. Se trata de una tecnología que actualmente está en fase experimental y cuya llegada para usuarios normales se proyecta para después de 2030. No obstante, el desarrollo implica también un cambio en los dispositivos. Hoy no existen equipos en el mercado con capacidad de 6G, por lo que su implementación requerirá una actualización tecnológica. Alejandro Reid, doctor en Comunicación y académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que la principal diferencia con la generación anterior está en la velocidad. Un salto generacional Según indica el experto, la tecnología 5G puede conectar dispositivos a una velocidad de hasta 10 gigas (GB), mientras que la 6G podría alcanzar hasta 100 GB. Ese aumento, implica “ una mayor instantaneidad en la velocidad de conexión y menor latencia ”, es decir, una reducción en la intermitencia entre el envío y la recepción de información. Además, la 6G incorpora un modelo integrado de inteligencia artificial para manejar la saturación de la red en contextos de alta demanda, explica el académico Uandes. De este modo, “cuando la 5G se satura en los estadios o en la Quinta Vergara (…) el sistema es capaz de generar una conectividad y priorizar cierta cantidad de datos ”. Finalmente, Reid subraya que esta tecnología abarca un proceso gradual que comenzaría en 2027 o 2028 : “Esto va a seguir creciendo hacia adelante, y vamos a tener mucha mejor capacidad de comunicación inalámbrica, y esto en los próximos años lo vamos a ir viendo cada vez más cerca ”.
La ansiedad es uno de los problemas de salud mental más frecuentes a nivel mundial. Dentro de este espectro, el trastorno de ansiedad social se manifiesta como un miedo intenso a situaciones en las que la persona siente que puede ser evaluada o juzgada, como hablar frente a otras personas. Con el objetivo de explorar nuevas herramientas terapéuticas, investigadores del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile investigaron cómo se aprende y mantiene este miedo, y evaluaron un protocolo de terapia de exposición apoyado con realidad virtual. El estudio, publicado en la revista Behavioral Psychology/Psicología Conductual, mostró que esta estrategia puede aumentar la confianza al hablar en público y disminuir las auto verbalizaciones negativas, es decir, los pensamientos críticos que surgen al enfrentar estas situaciones. «La idea es exponer a los pacientes a un entorno controlado donde puedan enfrentar el miedo. Eso permite una exposición más gradual; el terapeuta puede personalizar los entornos y, al ser controlado, puede hacerse más llevadero y más fácil de aplicar», señala Matías Silva, psicólogo integrante del equipo. Exposición al miedo en entornos virtuales La terapia de exposición es una de las estrategias con mayor respaldo científico para tratar trastornos de ansiedad. Consiste en que la persona enfrente gradualmente aquello que teme, en condiciones controladas y seguras. «La exposición implica confrontar repetidamente el estímulo temido, pero en ausencia de una amenaza real «, explica la académica Vanetza Estela Quezada Scholz, quien lideró el estudio. En el caso del miedo a hablar en público, recrear estas situaciones en una consulta puede ser complejo. Por eso, la realidad virtual permite simular distintos escenarios y ajustar variables como el tamaño de la audiencia o las reacciones del público. Resultados del ensayo piloto Los participantes realizaron entre siete y ocho sesiones de tratamiento, organizadas en módulos que incluían psicoeducación sobre la ansiedad, trabajo en flexibilidad cognitiva, exposición en realidad virtual y un cierre orientado a consolidar herramientas. Durante las sesiones se utilizaron cinco escenarios virtuales, que iban desde espacios pequeños como oficinas hasta auditorios con mayor público, las exposiciones no superaban los 30 minutos por sesión. Uno de los aspectos evaluados fue el cambio en las auto verbalizaciones negativas, es decir, el diálogo interno que aparece cuando una persona enfrenta una situación temida. «Cuando el cerebro aprende que hablar frente a otras personas es peligroso, la persona empieza a evitar. A corto plazo eso alivia, pero a largo plazo mantiene el miedo», explica Silva. Los resultados mostraron señales de disminución de estos pensamientos y un aumento de la confianza para hablar en público. «Este es un estudio piloto. No es definitivo, pero sí muy prometedor «, agrega el investigador. Desafíos para su implementación Pese a sus ventajas, la aplicación clínica de realidad virtual aún enfrenta algunas barreras en Chile y Latinoamérica. «Es muy difícil encontrar un buen software en español que permita abarcar una amplia variedad de situaciones de exposición», explica la Dra. Quezada. A esto se suman los costos de las licencias, que pueden superar los mil dólares anuales. Sin embargo, el equipo plantea que esta línea de investigación también podría avanzar hacia intervenciones más accesibles, que en el futuro puedan implementarse en pantallas u otros dispositivos, ampliando su alcance en tratamientos de salud mental.
WhatsApp prepara una nueva función pensada para las familias: las cuentas administradas por padres, madres o tutores, un sistema que permitirá que los menores utilicen la plataforma bajo supervisión. Tal y como ha explicado la compañía, el objetivo es ofrecer una experiencia más segura para los preadolescentes, limitando el uso a mensajes y llamadas y dando a los adultos herramientas para controlar la actividad. Según explica la propia empresa en su blog oficial, gracias a la colaboración de familias y expertos, la plataforma ha diseñado este nuevo sistema de cuentas gestionadas para adaptar la aplicación a usuarios más jóvenes y ofrecer más garantías de seguridad en su uso cotidiano. Cómo funcionarán las cuentas con control parental Las nuevas cuentas estarán disponibles para menores de 13 años o por debajo de la edad mínima establecida en cada país. Para activarlas, será necesario que el padre, madre o tutor configure el perfil desde su propio teléfono y el dispositivo del menor, vinculando ambas cuentas mediante un código QR. Una vez configurada la cuenta, los adultos podrán decidir quién puede comunicarse con el menor y a qué grupos puede unirse. También tendrán la posibilidad de revisar solicitudes de mensajes procedentes de contactos desconocidos y gestionar diferentes ajustes de privacidad. El sistema incluye además un PIN parental de seis dígitos que protege las configuraciones. Solo el adulto responsable podrá modificar los ajustes, lo que permite controlar la experiencia del menor sin que este pueda alterar las restricciones establecidas. A pesar de estos controles, la compañía insiste en que se mantiene una de las características clave de la plataforma: la privacidad. Tal y como señala WhatsApp, todas las conversaciones seguirán protegidas por cifrado de extremo a extremo, lo que significa que nadie —ni siquiera la propia empresa— puede leer o escuchar los mensajes. El objetivo de WhatsApp: supervisión sin romper la privacidad El modelo busca equilibrar dos aspectos que suelen generar debate: la seguridad infantil y el derecho a la privacidad. Los padres tendrán acceso a herramientas y estadísticas relacionadas con el uso de la aplicación, especialmente en lo que respecta a los grupos, pero no podrán ver el contenido de las conversaciones. Según la empresa, el objetivo es ofrecer más información y herramientas de supervisión sin comprometer la confidencialidad de los mensajes. La compañía espera además recoger la opinión de las familias durante los próximos meses, ya que el despliegue de las cuentas administradas será gradual. Un debate cada vez más presente La iniciativa llega en un momento en el que el uso de móviles y redes sociales por parte de menores genera un intenso debate internacional. Países como Australia han impulsado restricciones para limitar el acceso a redes sociales a menores de 16 años, mientras que en España el Gobierno de Pedro Sánchez ha llevado al Congreso diferentes propuestas para regular el uso de plataformas digitales entre adolescentes. El objetivo de estas iniciativas es reducir los posibles efectos negativos de la exposición temprana a pantallas y redes sociales, especialmente en lo relacionado con la salud mental juvenil y la seguridad digital. Las cifras son innegables: según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías del Instituto Nacional de Estadística, casi el 68% de los niños españoles de entre 10 y 15 años utiliza teléfono móvil. En ese contexto, aplicaciones de mensajería como WhatsApp se han convertido en una de las principales herramientas de comunicación entre jóvenes. Un estudio sobre conectividad juvenil llevado a cabo por Qustodio indica que alrededor del 52% de los menores utiliza WhatsApp de forma activa, lo que la sitúa entre las plataformas más presentes en su día a día digital. Con la llegada de las cuentas supervisadas, WhatsApp apuesta por una fórmula intermedia: permitir el acceso a la plataforma, pero con controles que posibiliten a los padres establecer límites y supervisar la actividad. De este modo, la nueva herramienta pretende responder a una demanda creciente de las familias: ofrecer a los menores acceso a la tecnología, pero con mayor seguridad y acompañamiento.
En un avance significativo en el campo de la química y la sostenibilidad, un grupo de investigadores ha logrado desarrollar un método innovador para convertir el metano, el componente más simple y abundante del gas natural, en compuestos químicos complejos utilizados en productos farmacéuticos y otros productos de alto valor. Este avance desafía las creencias arraigadas sobre la baja reactividad del metano y abre nuevas posibilidades para una economía química más circular, que busca aprovechar de manera más eficiente los recursos naturales de nuestro planeta. REIMAGINANDO EL USO DEL GAS NATURAL Durante mucho tiempo, el metano ha sido valorado principalmente como combustible para generar calor y energía. Sin embargo, su combustión contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero, lo que agrava el cambio climático. Hasta ahora, transformar el metano en sustancias químicas útiles ha sido un desafío considerable debido a sus fuertes enlaces moleculares que lo hacen poco reactivo. Un equipo liderado por Martín Fañanás en el Centro de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares (CiQUS) ha logrado superar este desafío mediante la creación de un catalizador a base de hierro que activa el metano con luz visible. Al hacerlo, pueden unir fragmentos moleculares funcionales que actúan como mangos químicos para construir estructuras más complejas. UN CATALIZADOR INNOVADOR La clave de este avance radica en un catalizador supramolecular cuidadosamente diseñado, construido alrededor de un centro de hierro estabilizado en un entorno químico único. Este catalizador maneja los intermediarios reactivos para permitir la modificación selectiva del metano y otras moléculas similares sin generar subproductos no deseados. Sorprendentemente, los investigadores lograron sintetizar dimestrol (un compuesto bioactivo utilizado en terapia hormonal) directamente a partir del metano en una sola secuencia, demostrando así el potencial práctico de este enfoque para crear fármacos a partir de materias primas simples. HACIA UNA ECONOMÍA QUÍMICA MÁS SOSTENIBLE Más allá de su relevancia científica, este método ofrece ventajas ambientales significativas. El hierro es un elemento abundante, económico y mucho menos tóxico que los metales raros comúnmente utilizados en procesos catalíticos avanzados. Las reacciones se llevan a cabo en condiciones relativamente suaves y se alimentan con luz LED, lo que reduce tanto el consumo energético como el impacto ambiental. Al convertir el metano en intermedios químicos versátiles en lugar de quemarlo como combustible, los investigadores están sentando las bases para un enfoque más sostenible y circular en la fabricación de productos químicos y medicamentos a partir de materias primas derivadas de combustibles fósiles. La clave de este avance radica en el diseño de un catalizador basado en un anión tetracloroferrato estabilizado por cationes colidinio, concluye Martín Fañanás, investigador del Centro de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares (CiQUS) de la Universidad de Santiago de Compostela. Fuente: Publimetro
Astrónomos lograron captar una nueva postal del centro de la Vía Láctea, la más grande hasta ahora, gracias al radiotelescopio ALMA, que se encuentra en Chile, en pleno desierto de Atacama. La región vista en la imagen abarca más de 650 años luz y muestra densas nubes de gas y polvo alrededor del agujero negro supermasivo que está en el centro de la galaxia. Según informó el Observatorio Europeo Austral (ESO), esta es la primera vez que puede explorar en detalle el gas frío, que es la materia prima con la que se forman las estrellas en la Zona Molecular Central (CMZ por sus siglas en inglés) de la galaxia. Estos datos permitirán a los astrónomos conocer más sobre la vida de estas estrellas y también del agujero negro supermasivo que se encuentra allí. Ashley Thomas Barnes, astrónomo de ESO en Alemania que participó de esta investigación, expresó que esta zona “es un lugar de extremos, invisible a nuestros ojos, pero ahora revelado con extraordinario detalle”. ¿Por qué es importante ver el centro de la Vía Láctea? Los astrónomos están estudiando el gas molecular frío con ACES (ALMA CMZ Exploration Survey o sondeo de exploración de la zona molecular central con ALMA) para comprender su compleja química. Hasta ahora, han detectado varias moléculas diferentes, algunas simples como el monóxido de silicio, hasta otras orgánicas más complejas, como el metanol, la acetona o el etanol, por ejemplo. Las moléculas fluyen a través de los filamentos de gas cósmico y alimentan a grupos de materia que, en respuesta, pueden formar estrellas. Los astrónomos conocen este proceso en las afueras de la Vía Láctea, pero creen que en el centro estos eventos son más extremos. Steve Longmore, profesor de astrofísica en la Universidad John Moores de Liverpool y líder de ACES, explica que al estudiar cómo se forman estrellas en la CMZ “podemos obtener una imagen más clara de cómo crecieron y evolucionaron las galaxias”. “Creemos que la región comparte muchas características con las galaxias del universo temprano, donde las estrellas se formaban en entornos caóticos y extremos”, añade.