La Región de Antofagasta lanzó el proyecto «Antofagasta en Órbita», una iniciativa que contempla el diseño, construcción e integración del primer satélite chileno desarrollado íntegramente desde una región. El proyecto, financiado por el Gobierno Regional (GORE) y ejecutado por el Centro de Innovación y Diseño Avanzado (CINNDA), consiste en la creación de un CubeSat ( nanosatélite). Este dispositivo estará orientado específicamente a la vigilancia climática y territorial, abordando problemáticas locales como la proliferación de basurales, la exposición a desastres naturales y el estado de los relaves mineros. El gobernador regional, Ricardo Díaz, destacó que este avance es un paso concreto hacia la descentralización tecnológica. «Hoy estamos dando la oportunidad a estudiantes de diversos centros de formación de participar en el diseño de un satélite con información clave para el territorio», señaló. El proyecto se articula además con la futura instalación de un centro aeroespacial en la región en conjunto con la Fuerza Aérea de Chile (FACH). Por su parte, Hernán Tello, director del proyecto, enfatizó que la misión busca identificar desafíos locales para proponer soluciones basadas en datos espaciales. «Estamos en una etapa inicial, pero muy motivados. Este será el primer satélite regional, y representa una oportunidad concreta para instalar capacidades en el ámbito espacial desde Antofagasta», comentó. El nombre «Likansat» Uno de los pilares de «Antofagasta en Órbita» es el desarrollo de capital humano. Ante la falta de una especialización aeroespacial previa en la zona, CINNDA ha integrado a 10 estudiantes seleccionados de diversas áreas como Ingeniería Civil Mecánica, Astrofísica y Robótica, quienes participarán directamente en la construcción del CubeSat. La participación ciudadana también fue clave en este proceso: la comunidad escolar eligió el nombre oficial del satélite. « Likansat» fue la propuesta ganadora, presentada por Karina Lara, docente de la Escuela General Manuel Baquedano F-78, simbolizando la identidad regional en este viaje hacia el espacio.
La misión Artemis II despegó rumbo a la Luna acompañada de una tecnología que promete cambiar para siempre la forma en que se explora el cosmos. Se trata del sistema de Comunicaciones Ópticas Orion Artemis II (O2O), una plataforma desarrollada por el Laboratorio Lincoln del MIT en colaboración con el Centro Goddard de la NASA. Este sistema permite, por primera vez en una misión tripulada, el uso de comunicaciones láser (lasercom) para enviar volúmenes masivos de información hacia la Tierra. A diferencia de las misiones Apolo, que dependían exclusivamente de ondas de radio, Artemis II utiliza luz infrarroja para transportar datos. Esta transición es fundamental: mientras que el espectro de radiofrecuencia (RF) está cada vez más saturado y limitado en su ancho de banda, el láser ofrece una autopista de datos mucho más amplia, permitiendo que la tripulación transmita video en vivo y en alta resolución desde las proximidades de la Luna. «Podrán comunicarse a través de videoconferencias para coordinar actividades, hablar con médicos o transmitir en directo sus viajes, inspirando a una nueva generación», destacó Jade Wang, subdirectora del Grupo de Comunicaciones Ópticas y Cuánticas. El funcionamiento de estas comunicaciones recae en un dispositivo compacto denominado MAScOT (Terminal Óptico Modular, Ágil y Escalable). Este terminal, del tamaño aproximado de un gato, es el encargado de gestionar el envío y recepción de los haces de luz entre la nave Orion y la Tierra. MAScOT: El corazón tecnológico del enlace láser MAScOT se divide en dos componentes: El Gimbal (caja superior): Un soporte pivotante de dos ejes que sostiene un telescopio de 10 centímetros. Su función es apuntar con extrema precisión hacia los receptores terrestres, compensando el movimiento de la nave para mantener el haz láser alineado. Óptica de procesamiento posterior (caja inferior): Ubicada debajo del gimbal, contiene lentes de enfoque, sensores de seguimiento y espejos de dirección rápida que aseguran que la señal no se pierda durante la transmisión. Esta arquitectura ya demostró su eficacia en pruebas previas en la Estación Espacial Internacional (ISS), donde el sistema alcanzó velocidades de descarga de 1,2 Gbps. Para ponerlo en perspectiva, esta velocidad permitiría descargar archivos científicos en cuestión de horas, una tarea que con los sistemas de radio tradicionales solía demorar meses tras el regreso de la cápsula. Una red terrestre global con presencia en el hemisferio sur Para que el sistema O2O funcione, la NASA desplegó una red de estaciones terrestres especializadas capaces de captar estos haces de luz infrarroja. El equipo de operaciones del Laboratorio Lincoln supervisa la misión de 10 días desde estaciones en Houston (Texas), White Sands (Nuevo México) y una estación experimental ubicada en Australia. La inclusión de la estación en Australia es clave, ya que permite una cobertura óptima desde el hemisferio sur, asegurando que la nave Orion mantenga el contacto sin importar su posición orbital respecto a la rotación terrestre. En estas bases, los ingenieros han realizado simulaciones mensuales para garantizar que la transición entre estaciones sea transparente y que la comunicación con los astronautas sea fluida. Fuente: www.cooperativaciencia.
La NASA iniciará formalmente la cuenta regresiva para el lanzamiento de la misión Artemis II este lunes a las 19:00 GMT (15:00 horas local de Florida). Tras superar una serie de revisiones técnicas y retrasos previos, los especialistas confirmaron que todo el sistema de lanzamiento se encuentra en óptimas condiciones para el despegue programado para este miércoles 1 de abril a las 18:24 hora local desde el Centro Espacial Kennedy. Lori Glaze, administradora asociada de la Misión de Desarrollo de Exploración de Sistemas de la NASA, aseguró que las operaciones han transcurrido sin contratiempos tras la última revisión de preparación de vuelo. «Nos estamos acercando mucho y estamos listos «, afirmó la funcionaria, destacando que el proceso de preparación actual ha sido uno de los más «limpios» en la historia reciente de la agencia. A pesar del optimismo técnico, la principal variable que mantiene en alerta a los ingenieros es el clima en Cabo Cañaveral. Actualmente, existe un 80% de probabilidad de condiciones meteorológicas favorables, aunque persisten preocupaciones menores sobre la formación de nubes y vientos en altura que podrían interferir con la trayectoria del cohete. Un desafío técnico bajo la mirada del clima en Florida El comandante de la misión, el astronauta Reid Wiseman, se mostró relajado pero cauteloso ante los posibles escenarios. «Estamos listos para salir, pero ni por un segundo tenemos la expectativa de que vamos a ir en el primer intento», matizó Wiseman, recordando que el vehículo ya tuvo que regresar al edificio de ensamblaje en febrero pasado por ajustes técnicos. «Si tenemos que intentarlo unas pocas veces más, estamos 100% preparados para ello», añadió. La misión Artemis II tendrá una duración de 10 días y utilizará el cohete Space Launch System (SLS) junto a la cápsula Orion. Durante el trayecto, los astronautas evaluarán los sistemas de soporte vital y realizarán maniobras que servirán de base para las futuras misiones de descenso en la superficie lunar. Una tripulación diversa con la mira puesta en Marte La tripulación está integrada por la especialista de misión Christina Koch, quien será la primera mujer en una misión lunar; el piloto Victor Glover, el primer hombre de raza negra en este tipo de expediciones; y el astronauta Jeremy Hansen, el primer canadiense en dejar la órbita terrestre. Para Koch, esta misión es un « peldaño hacia Marte» y una oportunidad única para buscar respuestas sobre el origen de la vida en el sistema solar. «Responder a la pregunta de si estamos solos comienza en la Luna», señaló la astronauta desde la cuarentena preventiva. Por su parte, el canadiense Jeremy Hansen destacó que uno de los momentos más esperados será la observación de un eclipse solar desde su posición privilegiada en el espacio. Este vuelo es la continuación del éxito de Artemis I (no tripulado) en 2022 y el paso previo al objetivo de 2028: volver a pisar suelo lunar. El programa Artemis busca establecer una presencia humana permanente en el satélite y construir la estación orbital Gateway, que servirá como puerto de enlace para la futura exploración del planeta rojo. Fuente: www.cooperativa
La idea de una motocicleta capaz de mantenerse en equilibrio sin ayuda humana ya no pertenece a la ciencia ficción. Yamaha lleva años trabajando en esta posibilidad a través de su línea de prototipos MOTOROiD, un experimento que combina inteligencia artificial, sensores y un complejo sistema de balanceo activo. El objetivo: crear una moto que no solo se conduzca, sino que también “entienda” a su piloto y reaccione por sí misma. El primer modelo, presentado en 2017, fue el MOTOROiD original, una moto conceptual que desafiaba las normas del diseño tradicional. Su secreto está en la tecnología AMCES (Active Mass Center Control System), un mecanismo que permite mover el centro de gravedad del vehículo mediante componentes móviles del chasis, como la batería o el basculante trasero. Gracias a ello, la moto puede mantenerse erguida incluso en parado, ajustando su peso como si tuviera reflejos humanos. A esto se suma un sistema de reconocimiento facial y gestual que identifica al piloto y responde a sus movimientos sin necesidad de mandos físicos. En las demostraciones, el vehículo incluso “se levanta” del suelo y avanza suavemente cuando se le indica con un gesto. Con el paso de los años, Yamaha ha ido perfeccionando esta tecnología. En 2023, presentó el MOTOROiD2, una evolución más avanzada que mantiene la base del equilibrio automático, pero añade un diseño más agresivo y fluido, además de una inteligencia artificial más sofisticada. Este modelo busca algo más que estabilidad: pretende crear un vínculo emocional entre piloto y máquina, estableciendo una comunicación orgánica basada en el movimiento y la respuesta del vehículo. En 2025, Yamaha dio un paso más con el MOTOROiD:Λ (Lambda), un prototipo que parece salido directamente del futuro. Este modelo no solo es capaz de mantenerse de pie, sino también de levantarse por sí mismo si se cae, gracias a una red de sensores, giroscopios y un sistema de aprendizaje que analiza cada movimiento. Su estructura puede rotar hasta 180 grados, lo que le permite adaptarse de forma dinámica al entorno y mantener el equilibrio con una precisión sorprendente. La marca japonesa no ha anunciado planes inmediatos de comercialización, pero el impacto tecnológico de estos proyectos es evidente. Las motos con auto-balanceo podrían marcar un antes y un después en la seguridad y accesibilidad del motociclismo. Imagina una moto que no se cae al detenerse, que puede ayudarte a mantener el control en una curva difícil o incluso seguirte de forma autónoma cuando caminas. Sin embargo, los desafíos técnicos y económicos son significativos. Los sistemas de balanceo activo requieren sensores de alta precisión, actuadores potentes y un control constante del centro de masa, lo que incrementa el peso, el consumo energético y los costes de mantenimiento. Además, para llegar a las calles, Yamaha tendría que superar barreras regulatorias y garantizar una fiabilidad total frente a las vibraciones, el polvo o la lluvia. Aun así, estos prototipos apuntan hacia un nuevo paradigma en la relación entre persona y máquina. El proyecto MOTOROiD no busca solo crear una moto más segura, sino explorar un nuevo tipo de conexión emocional con la tecnología: un vehículo que “sienta”, “reaccione” y “acompañe” al conductor. De momento, estas motos futuristas seguirán siendo el laboratorio rodante de Yamaha, una muestra de cómo la innovación puede transformar incluso los objetos más clásicos. Si el automóvil eléctrico cambió nuestra manera de movernos, la moto autoequilibrada promete cambiar nuestra forma de entender la conducción sobre dos ruedas.
Investigadores de la Universidad del Sudeste de Nanjing, en China, desarrollaron una tela que puede limpiarse sin la necesidad de un detergente. Se trata de un nuevo recubrimiento textil capaz de lograr algo que hasta hace poco parecía imposible: lavar la ropa solamente con agua. La idea no es trivial. De acuerdo con Phys.org, los detergentes que salen de nuestras lavadoras terminan en ríos, lagos y océanos, donde alteran los ecosistemas acuáticos. Incluso después de pasar por plantas de tratamiento, algunos de sus compuestos químicos persisten y continúan contaminando las aguas naturales. Para abordar este problema, los investigadores desarrollaron un recubrimiento formado por varias capas de polímeros aplicadas mediante pulverización. Concretamente, alternaron dos compuestos –cloruro de polidialildimetilamonio (PDADMAC) y ácido polivinilsulfónico– hasta formar una estructura multicapa sobre el tejido. ¿Una tela que no se puede ensuciar? El resultado es una superficie tan densamente cargada de grupos sulfonato que las moléculas de suciedad simplemente no encuentran dónde adherirse. Así, en lugar de intentar despegar la mugre una vez instalada, la idea es que nunca llegue a instalarse. “En estudios anteriores descubrimos que las superficies densamente cargadas pueden estabilizar una capa de hidratación robusta “, explicó el autor Chongling Cheng a Chemical & Engineering News (C&EN), una revista semanal de actualidad publicada por la Sociedad Química de Estados Unidos (ACS). “Eso nos hizo replantearnos una suposición básica sobre cómo funciona la limpieza”, agregó. Esa fina capa de hidratación –una especie de “escudo” de agua que se forma sobre la tela– actúa entonces como una barrera que dificulta la adhesión de la suciedad. De acuerdo con el estudio, “la capa de hidratación estable, fuertemente unida y continua de la deposición asistida por pulverización repetida actúa como una barrera tanto física como energética, suprimiendo eficazmente la adhesión de manchas y la acumulación de suciedad en superficies sólidas “. Además, funciona tanto en la oscuridad como bajo la luz solar, lo que supone una ventaja frente a tecnologías anteriores basadas en fotocatálisis, que solo eran eficaces con buena iluminación. Y, a diferencia de otros recubrimientos que pierden eficacia al secarse, este mantiene su estructura porque las moléculas quedan fijadas en una configuración estable durante su aplicación. En las pruebas, según C&EN, el recubrimiento funcionó sobre algodón, seda y poliéster, eliminando diversos tipos de manchas de comida, residuos aceitosos, bacterias y hongos con un simple aclarado de agua. También demostró propiedades antimicrobianas y, como beneficio adicional, resultó ser capaz de unirse a microplásticos y reducir su liberación al medio ambiente durante el lavado. Fuente: www.biobiochile.cl
La Región de Antofagasta lanzó el proyecto «Antofagasta en Órbita», una iniciativa que contempla el diseño, construcción e integración del primer satélite chileno desarrollado íntegramente desde una región. El proyecto, financiado por el Gobierno Regional (GORE) y ejecutado por el Centro de Innovación y Diseño Avanzado (CINNDA), consiste en la creación de un CubeSat ( nanosatélite). Este dispositivo estará orientado específicamente a la vigilancia climática y territorial, abordando problemáticas locales como la proliferación de basurales, la exposición a desastres naturales y el estado de los relaves mineros. El gobernador regional, Ricardo Díaz, destacó que este avance es un paso concreto hacia la descentralización tecnológica. «Hoy estamos dando la oportunidad a estudiantes de diversos centros de formación de participar en el diseño de un satélite con información clave para el territorio», señaló. El proyecto se articula además con la futura instalación de un centro aeroespacial en la región en conjunto con la Fuerza Aérea de Chile (FACH). Por su parte, Hernán Tello, director del proyecto, enfatizó que la misión busca identificar desafíos locales para proponer soluciones basadas en datos espaciales. «Estamos en una etapa inicial, pero muy motivados. Este será el primer satélite regional, y representa una oportunidad concreta para instalar capacidades en el ámbito espacial desde Antofagasta», comentó. El nombre «Likansat» Uno de los pilares de «Antofagasta en Órbita» es el desarrollo de capital humano. Ante la falta de una especialización aeroespacial previa en la zona, CINNDA ha integrado a 10 estudiantes seleccionados de diversas áreas como Ingeniería Civil Mecánica, Astrofísica y Robótica, quienes participarán directamente en la construcción del CubeSat. La participación ciudadana también fue clave en este proceso: la comunidad escolar eligió el nombre oficial del satélite. « Likansat» fue la propuesta ganadora, presentada por Karina Lara, docente de la Escuela General Manuel Baquedano F-78, simbolizando la identidad regional en este viaje hacia el espacio.
La misión Artemis II despegó rumbo a la Luna acompañada de una tecnología que promete cambiar para siempre la forma en que se explora el cosmos. Se trata del sistema de Comunicaciones Ópticas Orion Artemis II (O2O), una plataforma desarrollada por el Laboratorio Lincoln del MIT en colaboración con el Centro Goddard de la NASA. Este sistema permite, por primera vez en una misión tripulada, el uso de comunicaciones láser (lasercom) para enviar volúmenes masivos de información hacia la Tierra. A diferencia de las misiones Apolo, que dependían exclusivamente de ondas de radio, Artemis II utiliza luz infrarroja para transportar datos. Esta transición es fundamental: mientras que el espectro de radiofrecuencia (RF) está cada vez más saturado y limitado en su ancho de banda, el láser ofrece una autopista de datos mucho más amplia, permitiendo que la tripulación transmita video en vivo y en alta resolución desde las proximidades de la Luna. «Podrán comunicarse a través de videoconferencias para coordinar actividades, hablar con médicos o transmitir en directo sus viajes, inspirando a una nueva generación», destacó Jade Wang, subdirectora del Grupo de Comunicaciones Ópticas y Cuánticas. El funcionamiento de estas comunicaciones recae en un dispositivo compacto denominado MAScOT (Terminal Óptico Modular, Ágil y Escalable). Este terminal, del tamaño aproximado de un gato, es el encargado de gestionar el envío y recepción de los haces de luz entre la nave Orion y la Tierra. MAScOT: El corazón tecnológico del enlace láser MAScOT se divide en dos componentes: El Gimbal (caja superior): Un soporte pivotante de dos ejes que sostiene un telescopio de 10 centímetros. Su función es apuntar con extrema precisión hacia los receptores terrestres, compensando el movimiento de la nave para mantener el haz láser alineado. Óptica de procesamiento posterior (caja inferior): Ubicada debajo del gimbal, contiene lentes de enfoque, sensores de seguimiento y espejos de dirección rápida que aseguran que la señal no se pierda durante la transmisión. Esta arquitectura ya demostró su eficacia en pruebas previas en la Estación Espacial Internacional (ISS), donde el sistema alcanzó velocidades de descarga de 1,2 Gbps. Para ponerlo en perspectiva, esta velocidad permitiría descargar archivos científicos en cuestión de horas, una tarea que con los sistemas de radio tradicionales solía demorar meses tras el regreso de la cápsula. Una red terrestre global con presencia en el hemisferio sur Para que el sistema O2O funcione, la NASA desplegó una red de estaciones terrestres especializadas capaces de captar estos haces de luz infrarroja. El equipo de operaciones del Laboratorio Lincoln supervisa la misión de 10 días desde estaciones en Houston (Texas), White Sands (Nuevo México) y una estación experimental ubicada en Australia. La inclusión de la estación en Australia es clave, ya que permite una cobertura óptima desde el hemisferio sur, asegurando que la nave Orion mantenga el contacto sin importar su posición orbital respecto a la rotación terrestre. En estas bases, los ingenieros han realizado simulaciones mensuales para garantizar que la transición entre estaciones sea transparente y que la comunicación con los astronautas sea fluida. Fuente: www.cooperativaciencia.
La NASA iniciará formalmente la cuenta regresiva para el lanzamiento de la misión Artemis II este lunes a las 19:00 GMT (15:00 horas local de Florida). Tras superar una serie de revisiones técnicas y retrasos previos, los especialistas confirmaron que todo el sistema de lanzamiento se encuentra en óptimas condiciones para el despegue programado para este miércoles 1 de abril a las 18:24 hora local desde el Centro Espacial Kennedy. Lori Glaze, administradora asociada de la Misión de Desarrollo de Exploración de Sistemas de la NASA, aseguró que las operaciones han transcurrido sin contratiempos tras la última revisión de preparación de vuelo. «Nos estamos acercando mucho y estamos listos «, afirmó la funcionaria, destacando que el proceso de preparación actual ha sido uno de los más «limpios» en la historia reciente de la agencia. A pesar del optimismo técnico, la principal variable que mantiene en alerta a los ingenieros es el clima en Cabo Cañaveral. Actualmente, existe un 80% de probabilidad de condiciones meteorológicas favorables, aunque persisten preocupaciones menores sobre la formación de nubes y vientos en altura que podrían interferir con la trayectoria del cohete. Un desafío técnico bajo la mirada del clima en Florida El comandante de la misión, el astronauta Reid Wiseman, se mostró relajado pero cauteloso ante los posibles escenarios. «Estamos listos para salir, pero ni por un segundo tenemos la expectativa de que vamos a ir en el primer intento», matizó Wiseman, recordando que el vehículo ya tuvo que regresar al edificio de ensamblaje en febrero pasado por ajustes técnicos. «Si tenemos que intentarlo unas pocas veces más, estamos 100% preparados para ello», añadió. La misión Artemis II tendrá una duración de 10 días y utilizará el cohete Space Launch System (SLS) junto a la cápsula Orion. Durante el trayecto, los astronautas evaluarán los sistemas de soporte vital y realizarán maniobras que servirán de base para las futuras misiones de descenso en la superficie lunar. Una tripulación diversa con la mira puesta en Marte La tripulación está integrada por la especialista de misión Christina Koch, quien será la primera mujer en una misión lunar; el piloto Victor Glover, el primer hombre de raza negra en este tipo de expediciones; y el astronauta Jeremy Hansen, el primer canadiense en dejar la órbita terrestre. Para Koch, esta misión es un « peldaño hacia Marte» y una oportunidad única para buscar respuestas sobre el origen de la vida en el sistema solar. «Responder a la pregunta de si estamos solos comienza en la Luna», señaló la astronauta desde la cuarentena preventiva. Por su parte, el canadiense Jeremy Hansen destacó que uno de los momentos más esperados será la observación de un eclipse solar desde su posición privilegiada en el espacio. Este vuelo es la continuación del éxito de Artemis I (no tripulado) en 2022 y el paso previo al objetivo de 2028: volver a pisar suelo lunar. El programa Artemis busca establecer una presencia humana permanente en el satélite y construir la estación orbital Gateway, que servirá como puerto de enlace para la futura exploración del planeta rojo. Fuente: www.cooperativa
La idea de una motocicleta capaz de mantenerse en equilibrio sin ayuda humana ya no pertenece a la ciencia ficción. Yamaha lleva años trabajando en esta posibilidad a través de su línea de prototipos MOTOROiD, un experimento que combina inteligencia artificial, sensores y un complejo sistema de balanceo activo. El objetivo: crear una moto que no solo se conduzca, sino que también “entienda” a su piloto y reaccione por sí misma. El primer modelo, presentado en 2017, fue el MOTOROiD original, una moto conceptual que desafiaba las normas del diseño tradicional. Su secreto está en la tecnología AMCES (Active Mass Center Control System), un mecanismo que permite mover el centro de gravedad del vehículo mediante componentes móviles del chasis, como la batería o el basculante trasero. Gracias a ello, la moto puede mantenerse erguida incluso en parado, ajustando su peso como si tuviera reflejos humanos. A esto se suma un sistema de reconocimiento facial y gestual que identifica al piloto y responde a sus movimientos sin necesidad de mandos físicos. En las demostraciones, el vehículo incluso “se levanta” del suelo y avanza suavemente cuando se le indica con un gesto. Con el paso de los años, Yamaha ha ido perfeccionando esta tecnología. En 2023, presentó el MOTOROiD2, una evolución más avanzada que mantiene la base del equilibrio automático, pero añade un diseño más agresivo y fluido, además de una inteligencia artificial más sofisticada. Este modelo busca algo más que estabilidad: pretende crear un vínculo emocional entre piloto y máquina, estableciendo una comunicación orgánica basada en el movimiento y la respuesta del vehículo. En 2025, Yamaha dio un paso más con el MOTOROiD:Λ (Lambda), un prototipo que parece salido directamente del futuro. Este modelo no solo es capaz de mantenerse de pie, sino también de levantarse por sí mismo si se cae, gracias a una red de sensores, giroscopios y un sistema de aprendizaje que analiza cada movimiento. Su estructura puede rotar hasta 180 grados, lo que le permite adaptarse de forma dinámica al entorno y mantener el equilibrio con una precisión sorprendente. La marca japonesa no ha anunciado planes inmediatos de comercialización, pero el impacto tecnológico de estos proyectos es evidente. Las motos con auto-balanceo podrían marcar un antes y un después en la seguridad y accesibilidad del motociclismo. Imagina una moto que no se cae al detenerse, que puede ayudarte a mantener el control en una curva difícil o incluso seguirte de forma autónoma cuando caminas. Sin embargo, los desafíos técnicos y económicos son significativos. Los sistemas de balanceo activo requieren sensores de alta precisión, actuadores potentes y un control constante del centro de masa, lo que incrementa el peso, el consumo energético y los costes de mantenimiento. Además, para llegar a las calles, Yamaha tendría que superar barreras regulatorias y garantizar una fiabilidad total frente a las vibraciones, el polvo o la lluvia. Aun así, estos prototipos apuntan hacia un nuevo paradigma en la relación entre persona y máquina. El proyecto MOTOROiD no busca solo crear una moto más segura, sino explorar un nuevo tipo de conexión emocional con la tecnología: un vehículo que “sienta”, “reaccione” y “acompañe” al conductor. De momento, estas motos futuristas seguirán siendo el laboratorio rodante de Yamaha, una muestra de cómo la innovación puede transformar incluso los objetos más clásicos. Si el automóvil eléctrico cambió nuestra manera de movernos, la moto autoequilibrada promete cambiar nuestra forma de entender la conducción sobre dos ruedas.
Investigadores de la Universidad del Sudeste de Nanjing, en China, desarrollaron una tela que puede limpiarse sin la necesidad de un detergente. Se trata de un nuevo recubrimiento textil capaz de lograr algo que hasta hace poco parecía imposible: lavar la ropa solamente con agua. La idea no es trivial. De acuerdo con Phys.org, los detergentes que salen de nuestras lavadoras terminan en ríos, lagos y océanos, donde alteran los ecosistemas acuáticos. Incluso después de pasar por plantas de tratamiento, algunos de sus compuestos químicos persisten y continúan contaminando las aguas naturales. Para abordar este problema, los investigadores desarrollaron un recubrimiento formado por varias capas de polímeros aplicadas mediante pulverización. Concretamente, alternaron dos compuestos –cloruro de polidialildimetilamonio (PDADMAC) y ácido polivinilsulfónico– hasta formar una estructura multicapa sobre el tejido. ¿Una tela que no se puede ensuciar? El resultado es una superficie tan densamente cargada de grupos sulfonato que las moléculas de suciedad simplemente no encuentran dónde adherirse. Así, en lugar de intentar despegar la mugre una vez instalada, la idea es que nunca llegue a instalarse. “En estudios anteriores descubrimos que las superficies densamente cargadas pueden estabilizar una capa de hidratación robusta “, explicó el autor Chongling Cheng a Chemical & Engineering News (C&EN), una revista semanal de actualidad publicada por la Sociedad Química de Estados Unidos (ACS). “Eso nos hizo replantearnos una suposición básica sobre cómo funciona la limpieza”, agregó. Esa fina capa de hidratación –una especie de “escudo” de agua que se forma sobre la tela– actúa entonces como una barrera que dificulta la adhesión de la suciedad. De acuerdo con el estudio, “la capa de hidratación estable, fuertemente unida y continua de la deposición asistida por pulverización repetida actúa como una barrera tanto física como energética, suprimiendo eficazmente la adhesión de manchas y la acumulación de suciedad en superficies sólidas “. Además, funciona tanto en la oscuridad como bajo la luz solar, lo que supone una ventaja frente a tecnologías anteriores basadas en fotocatálisis, que solo eran eficaces con buena iluminación. Y, a diferencia de otros recubrimientos que pierden eficacia al secarse, este mantiene su estructura porque las moléculas quedan fijadas en una configuración estable durante su aplicación. En las pruebas, según C&EN, el recubrimiento funcionó sobre algodón, seda y poliéster, eliminando diversos tipos de manchas de comida, residuos aceitosos, bacterias y hongos con un simple aclarado de agua. También demostró propiedades antimicrobianas y, como beneficio adicional, resultó ser capaz de unirse a microplásticos y reducir su liberación al medio ambiente durante el lavado. Fuente: www.biobiochile.cl