El grupo femenino de pop británico Spice Girls avivó este miércoles los rumores de un posible regreso a los escenarios o de un lanzamiento de nueva música con un misterioso video en redes sociales que ha tomado por sorpresa a sus seguidores. Los perfiles oficiales del grupo originalmente compuesto por Mel B, Mel C, Emma Bunton, Geri Halliwell y Victoria Beckham publicaron un breve clip acompañado de un mensaje que anticipaba un anuncio para este jueves 10 de septiembre a las 14:00 hora británica (10:00 hora de Chile), acompañado de su mítica canción Wannabe (1996) de fondo. El video también referencia a este tema, pues está filmado en las escaleras del mismo hotel en el que se grabó en su día el videoclip de Wannabe. En ellas, aparece tirado un periódico, que al ampliarse dice: ¿Eres un fan de las Spice Girls con la capacidad de cantar y bailar? ¿Eres un superfan, un coleccionista, un melómano?. Inmediatamente, los seguidores de la girlband han comenzado a mirar con lupa cada uno de los detalles del mensaje y han empezado a elucubrar teorías sobre una posible gira de regreso, un nuevo álbum o una edición de aniversario -al cumplirse 30 años del lanzamiento de 'Wannabe' este 2026-. El periódico que referencian es The Stage, el mismo medio en el que se publicó inicialmente en 1994 el anuncio de búsqueda de una nueva girlband que dio lugar a las Spice Girls y, además de la citada fecha y hora del jueves, indican que para lo que se revelará mañana no se necesita partitura, pero sí un reproductor de vinilo o de CD. Otros usuarios también se han percatado de que al término del críptico mensaje aparece lo que parece ser un número de teléfono, pero al desglosarlo, la primera parte ('1009') podría indicar la fecha de este jueves, mientras que los restantes: 061126, podrían referirse al próximo 6 de noviembre. Las Spice Girls son una de las bandas femeninas más exitosas de la historia de la música reciente, con nueve números uno en el Reino Unido y más de 100 millones de copias vendidas. Geri, Mel B, Mel C y Emma realizaron su última gira juntas como Spice Girls en 2019, ofreciendo 13 conciertos por estadios del Reino Unido y Europa; sin embargo, la quinta integrante, Victoria, no ha actuado públicamente con el grupo desde la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Los rumores de un posible regreso de las Spice Girls al completo siempre han estado ahí, pero un video publicado en febrero por uno de los hijos de Victoria, Cruz Beckham, de cuatro de sus integrantes -todas menos Mel B- cantando Viva Forever, pareció acercar la posibilidad de una gira de reunión. Al entrar en la página web oficial del grupo, salta automáticamente una pestaña con el misterioso video junto con un formulario de registro para recibir las últimas actualizaciones de las Spice Girls.
En 2026, el disco Pateando piedras, de Los Prisioneros, cumple 40 años este 15 de septiembre, fecha en la que se convirtió en una obra esencial para la música chilena. Para celebrar este hito, el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) tendrá una exposición gratuita que reunirá recuerdos y objetos relacionados con el emblemático álbum. La muestra contará con memorabilia y piezas de gran valor para la música nacional, entre ellas, la guitarra con la que se grabó el rasgueo de El baile de los que sobran, la batería de Miguel Tapia y los discos de oro y platino. “El público podrá vivir una experiencia que conecta la música en vivo con la memoria y las historias que forman parte de la trayectoria de una banda decisiva del rock chileno”, señala un comunicado. El evento se realizará entre el 13 y el 17 de septiembre en el Centro Cultural Gabriela Mistral. Quienes adquirieron una entrada para el show que ofrecerá Miguel Tapia el próximo 15 de septiembre en el Teatro Caupolicán tendrán acceso anticipado a la exposición durante los días 13 y 14 del mismo mes.
La Pampilla 2026 se prepara para una nueva etapa, luego de que la municipalidad de Coquimbo abriera las bases para la licitación del Servicio de Producción Fiesta Solidaria La Pampilla de Coquimbo 2026, según revela un documento al que tuvo acceso El Día. En esta ocasión, el municipio busca contratar una producción integral que abarque habilitación, operación, mantenimiento y desmontaje de toda la infraestructura, con un presupuesto de $350 millones, impuestos incluidos. Las actividades principales se llevarán a cabo el 18 y 19 de septiembre, pero la estructura deberá estar operativa desde el día 17. Una de las novedades en las bases es la posibilidad de incluir una parrilla artística como oferta adicional. Aunque no es obligatoria, su presentación puede marcar la diferencia en la evaluación. La propuesta debe contemplar al menos ocho artistas distribuidos entre las jornadas del evento y abarcar diversos géneros musicales. La evaluación tomará en cuenta factores como trayectoria, participación en eventos masivos, presencia en medios y audiencia. Además, la productora deberá demostrar la disponibilidad de los artistas ofrecidos. En caso de resultar adjudicada la parrilla artística, será parte del contrato y cualquier cambio deberá ser aprobado por la municipalidad. Otra posibilidad es la transmisión en directo por televisión abierta durante ambas jornadas. Para obtener los puntos asociados, la empresa debe demostrar la factibilidad técnica y contar con el respaldo formal de un canal nacional. En cuanto a la evaluación, el precio representará solo el 20% del puntaje total. La experiencia del oferente tendrá un peso del 30%, mientras que los requisitos formales, el programa de integridad y compliance y el comportamiento contractual anterior sumarán un 5% cada uno. El 35% restante corresponderá a las ofertas adicionales. Dentro de estas ofertas adicionales, la parrilla artística podrá aportar hasta 60 puntos, la transmisión televisiva 30 puntos y la provisión de 200 mil sillas para los espectáculos otros 10 puntos. Para obtener el máximo puntaje en experiencia, las empresas deberán demostrar haber realizado más de cinco eventos masivos en los últimos diez años. En resumen, esta licitación establece que la capacidad de producción, experiencia y servicios adicionales serán determinantes para elegir a la empresa encargada de La Pampilla de Coquimbo en su próxima edición. Fuente: DiarioElDia Región
Nadie esperaba que un partido de béisbol acabara suspendido por culpa de unos discos de vinilo. Mucho menos que miles de personas invadieran el terreno de juego, arrancaran el césped, prendieran pequeñas hogueras y obligaran a intervenir a la policía antidisturbios. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió la noche del 12 de julio de 1979 en el Comiskey Park de Chicago. La llamada Disco Demolition Night pasó a la historia como uno de los episodios más disparatados que ha vivido la cultura popular estadounidense; también como el símbolo de una guerra musical que escondía bastantes más cosas de las que parecía. Sobre el papel, la idea era casi una broma. Los Chicago White Sox, uno de los equipos de las Grandes Ligas de béisbol, atravesaban una mala racha de asistencia de público. Para animar la doble jornada que iban a disputar frente a los Detroit Tigers, el club aceptó la propuesta de Steve Dahl, un popular locutor de radio que había construido buena parte de su personaje público alrededor de su declarado odio hacia la música disco. La promoción era sencilla: cualquier aficionado que acudiera al estadio llevando un disco de música disco pagaría solo 98 centavos por la entrada. Entre el primer y el segundo partido, todos esos vinilos serían amontonados en el centro del campo y destruidos mediante una explosión controlada. Nadie calculó las consecuencias. A finales de los años setenta, la música disco vivía una situación paradójica. Comercialmente seguía siendo un fenómeno gigantesco. Artistas como Bee Gees, Donna Summer, Chic, Gloria Gaynor o Village People dominaban las listas internacionales y l lenaban las pistas de baile de medio mundo. Saturday Night Fever había transformado el género en un fenómeno global y las discográficas parecían convencidas de que cualquier canción podía convertirse en un éxito si llevaba un bombo insistente y una línea de bajo bailable. Precisamente ese éxito empezó a generar un rechazo cada vez más intenso. Una parte importante del público rock consideraba que la música disco representaba todo aquello contra lo que había nacido el rock: producción excesivamente comercial, artificialidad, predominio del baile sobre las guitarras y una industria más preocupada por fabricar éxitos que por la autenticidad artística. Steve Dahl encarnaba perfectamente ese malestar. Curiosamente, buena parte de su cruzada tenía también un componente personal. Poco antes había perdido su trabajo como locutor cuando la emisora donde trabajaba cambió su programación de rock por música disco. Desde entonces convirtió la crítica al género en una especie de espectáculo radiofónico cargado de humor, exageración y provocación. La convocatoria superó cualquier previsión. Más de 50.000 personas llenaron el estadio y varios miles más permanecieron fuera porque ya no cabía nadie. Muchos ni siquiera tenían interés por el béisbol. Habían acudido exclusivamente para participar en la demolición. El ambiente fue calentándose durante toda la tarde. Cuando terminó el primer partido, Steve Dahl apareció vestido con uniforme militar, recorrió el césped en un vehículo también militar y comenzó un discurso que mezclaba sátira, entusiasmo y una evidente voluntad de convertir el acto en un gran espectáculo colectivo. Después llegó el momento esperado. Los discos fueron depositados dentro de una enorme caja situada sobre el terreno de juego. La explosión funcionó técnicamente. Los vinilos saltaron por los aires entre humo, llamas y fragmentos de plástico negro. Durante unos segundos pareció que todo terminaría ahí. Fue exactamente al revés. Miles de espectadores invadieron inmediatamente el campo. Algunos comenzaron a arrancar trozos de césped como recuerdo. Otros prendieron pequeñas hogueras, lanzaron objetos, destrozaron las redes protectoras y utilizaron las bases como improvisados trofeos. El caos se extendió en cuestión de minutos. La policía tardó bastante tiempo en recuperar el control del estadio. Los White Sox se vieron obligados a cancelar el segundo partido de la jornada y la Liga Americana terminó dando la victoria por incomparecencia a los Detroit Tigers. Lo que había nacido como una ingeniosa campaña de promoción deportiva acababa convertido en uno de los mayores desastres organizativos de la historia del béisbol estadounidense. Con el paso de los años, la lectura del episodio también cambió. Durante mucho tiempo se presentó simplemente como la gran derrota simbólica de la música disco frente al rock. Esa interpretación resulta hoy demasiado simplista. Es cierto que en 1979 el género empezaba a mostrar signos de agotamiento comercial. La saturación de lanzamientos había terminado por desgastar una fórmula que la propia industria explotó hasta el límite. Sin embargo, numerosos historiadores de la música consideran que el rechazo hacia la música disco escondía además otros componentes menos visibles. Conviene recordar que muchos de sus principales protagonistas eran artistas negros, latinos, mujeres y músicos vinculados a la cultura gay. Buena parte de las discotecas donde nació el género habían sido espacios de libertad para comunidades tradicionalmente marginadas. Algunos investigadores sostienen que el movimiento Disco Sucks no solo expresaba un rechazo estético, sino que también canalizaba prejuicios sociales, raciales y homófobos presentes en determinados sectores de la sociedad estadounidense. Eso no significa que todos los asistentes compartieran esas motivaciones. Muchos acudieron simplemente atraídos por el espectáculo o porque preferían escuchar guitarras antes que música de baile. Pero reducir la Disco Demolition Night a una simple guerra entre estilos musicales sería ignorar buena parte del contexto cultural de finales de los setenta. La ironía de toda esta historia es que la música disco nunca desapareció realmente. Cambió de nombre, evolucionó y terminó dando origen al dance-pop, al house, al techno y a buena parte de la música electrónica contemporánea. Muchos de los artistas que entonces renegaban de ella acabarían incorporando ritmos bailables a sus propios discos. Incluso el rock terminó conviviendo con influencias procedentes de un género que había intentado expulsar simbólicamente de un estadio de béisbol. Aquella explosión en el Comiskey Park no consiguió destruir la música disco. Lo que hizo fue inmortalizar uno de los momentos más extravagantes de la historia de la cultura popular, una noche en la que un montón de discos ardiendo terminó reflejando las tensiones de una sociedad mucho más dividida de lo que parecía. A veces un vinilo sirve para escuchar canciones; aquella noche, miles de personas decidieron convertirlo en un proyectil contra una época que ya estaba cambiando.
La noticia, publicada en el diario Los Andes, de Mendoza, dice que los Enanitos Verdes anunció una nueva etapa: los hijos de sus dos integrantes fundadores, Marciano Cantero y Felipe Staiti , continuarán un legado que atravesó décadas y generaciones. A través de las redes sociales oficiales de la banda, el mensaje dice que los Enanitos Verdes están de regreso y que la nueva formación estará integrada por Natalio Staiti, Juan Pablo Staiti y Javier Cantero, hijos de Felipe y Marciano, respectivamente, junto al baterista Jota Morelli ( ex Spinetta, entre otros) y el bajista Guillermo Vadalá (Fito Páez), dos músicos de tremenda trayectoria que formaron parte de la última etapa del grupo. Con músicos de Fito y Spinetta “Hay lazos que no se rompen con el tiempo, se transforman. La música es la herencia más hermosa que se puede dejar”, arranca el comunicado. “Durante décadas, Enanitos Verdes fueron la voz, el bajo, la guitarra y el corazón de Marciano y Felipe. Hoy, sus hijos Natalio, Juan Pablo y Javier, junto a Jota Morelli y Guille Vadalá, nos unimos para continuar el legado”. Según la misma fuente, la iniciativa llegó después de años particularmente difíciles para una de las bandas más importantes surgidas del rock mendocino. Tras la muerte de Marciano Cantero, en septiembre de 2022, el grupo decidió continuar su camino con Felipe Staiti al frente, acompañado por Morelli y Vadalá, entre otros músicos. Los Enanitos volvieron a tocar, hicieron algunas giras y mantuvieron bien en alto la bandera de buena parte del ADN del rock latinoamericano. Pero la muerte de Staiti, en abril de este año, pareció sepultar cualquier tipo de intención. El anuncio propone una respuesta que no busca reemplazar a Marciano ni a Felipe, sino prolongar su historia desde otro lugar. Pura sangre Quienes crecimos con Enanitos Verdes aprendimos que la música no es solo lo que tocamos, sino el refugio donde nos volvemos a encontrar, agrega el posteo.Queremos honrar su sangre y su obra de la única manera que sabemos: ¡haciendo música!. La noticia cierra así: “Con la convicción intacta y el respeto de siempre, asumimos el compromiso de retomar este proyecto y llevarlo nuevamente a la ruta. Gracias por estar del otro lado en cada etapa; los invitamos a seguir acompañándonos en este nuevo camino”. En 1984, Los Enanitos fueron invitados al Festival de La Falda y elegidos como grupo revelación. Grabaron su primer disco homónimo. Sin embargo, Contra reloj, el segundo álbum de estudio, producido por Andrés Calamaro en 1986, los catapultaría a una fama que trascendió las fronteras del rock nacional. Sin fechas a la vista, Enanitos e hijos por ahora es una sorpresa que seguramente muchos seguidores esperaban escuchar. Fuente: clarin.com
El grupo femenino de pop británico Spice Girls avivó este miércoles los rumores de un posible regreso a los escenarios o de un lanzamiento de nueva música con un misterioso video en redes sociales que ha tomado por sorpresa a sus seguidores. Los perfiles oficiales del grupo originalmente compuesto por Mel B, Mel C, Emma Bunton, Geri Halliwell y Victoria Beckham publicaron un breve clip acompañado de un mensaje que anticipaba un anuncio para este jueves 10 de septiembre a las 14:00 hora británica (10:00 hora de Chile), acompañado de su mítica canción Wannabe (1996) de fondo. El video también referencia a este tema, pues está filmado en las escaleras del mismo hotel en el que se grabó en su día el videoclip de Wannabe. En ellas, aparece tirado un periódico, que al ampliarse dice: ¿Eres un fan de las Spice Girls con la capacidad de cantar y bailar? ¿Eres un superfan, un coleccionista, un melómano?. Inmediatamente, los seguidores de la girlband han comenzado a mirar con lupa cada uno de los detalles del mensaje y han empezado a elucubrar teorías sobre una posible gira de regreso, un nuevo álbum o una edición de aniversario -al cumplirse 30 años del lanzamiento de 'Wannabe' este 2026-. El periódico que referencian es The Stage, el mismo medio en el que se publicó inicialmente en 1994 el anuncio de búsqueda de una nueva girlband que dio lugar a las Spice Girls y, además de la citada fecha y hora del jueves, indican que para lo que se revelará mañana no se necesita partitura, pero sí un reproductor de vinilo o de CD. Otros usuarios también se han percatado de que al término del críptico mensaje aparece lo que parece ser un número de teléfono, pero al desglosarlo, la primera parte ('1009') podría indicar la fecha de este jueves, mientras que los restantes: 061126, podrían referirse al próximo 6 de noviembre. Las Spice Girls son una de las bandas femeninas más exitosas de la historia de la música reciente, con nueve números uno en el Reino Unido y más de 100 millones de copias vendidas. Geri, Mel B, Mel C y Emma realizaron su última gira juntas como Spice Girls en 2019, ofreciendo 13 conciertos por estadios del Reino Unido y Europa; sin embargo, la quinta integrante, Victoria, no ha actuado públicamente con el grupo desde la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Los rumores de un posible regreso de las Spice Girls al completo siempre han estado ahí, pero un video publicado en febrero por uno de los hijos de Victoria, Cruz Beckham, de cuatro de sus integrantes -todas menos Mel B- cantando Viva Forever, pareció acercar la posibilidad de una gira de reunión. Al entrar en la página web oficial del grupo, salta automáticamente una pestaña con el misterioso video junto con un formulario de registro para recibir las últimas actualizaciones de las Spice Girls.
En 2026, el disco Pateando piedras, de Los Prisioneros, cumple 40 años este 15 de septiembre, fecha en la que se convirtió en una obra esencial para la música chilena. Para celebrar este hito, el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) tendrá una exposición gratuita que reunirá recuerdos y objetos relacionados con el emblemático álbum. La muestra contará con memorabilia y piezas de gran valor para la música nacional, entre ellas, la guitarra con la que se grabó el rasgueo de El baile de los que sobran, la batería de Miguel Tapia y los discos de oro y platino. “El público podrá vivir una experiencia que conecta la música en vivo con la memoria y las historias que forman parte de la trayectoria de una banda decisiva del rock chileno”, señala un comunicado. El evento se realizará entre el 13 y el 17 de septiembre en el Centro Cultural Gabriela Mistral. Quienes adquirieron una entrada para el show que ofrecerá Miguel Tapia el próximo 15 de septiembre en el Teatro Caupolicán tendrán acceso anticipado a la exposición durante los días 13 y 14 del mismo mes.
La Pampilla 2026 se prepara para una nueva etapa, luego de que la municipalidad de Coquimbo abriera las bases para la licitación del Servicio de Producción Fiesta Solidaria La Pampilla de Coquimbo 2026, según revela un documento al que tuvo acceso El Día. En esta ocasión, el municipio busca contratar una producción integral que abarque habilitación, operación, mantenimiento y desmontaje de toda la infraestructura, con un presupuesto de $350 millones, impuestos incluidos. Las actividades principales se llevarán a cabo el 18 y 19 de septiembre, pero la estructura deberá estar operativa desde el día 17. Una de las novedades en las bases es la posibilidad de incluir una parrilla artística como oferta adicional. Aunque no es obligatoria, su presentación puede marcar la diferencia en la evaluación. La propuesta debe contemplar al menos ocho artistas distribuidos entre las jornadas del evento y abarcar diversos géneros musicales. La evaluación tomará en cuenta factores como trayectoria, participación en eventos masivos, presencia en medios y audiencia. Además, la productora deberá demostrar la disponibilidad de los artistas ofrecidos. En caso de resultar adjudicada la parrilla artística, será parte del contrato y cualquier cambio deberá ser aprobado por la municipalidad. Otra posibilidad es la transmisión en directo por televisión abierta durante ambas jornadas. Para obtener los puntos asociados, la empresa debe demostrar la factibilidad técnica y contar con el respaldo formal de un canal nacional. En cuanto a la evaluación, el precio representará solo el 20% del puntaje total. La experiencia del oferente tendrá un peso del 30%, mientras que los requisitos formales, el programa de integridad y compliance y el comportamiento contractual anterior sumarán un 5% cada uno. El 35% restante corresponderá a las ofertas adicionales. Dentro de estas ofertas adicionales, la parrilla artística podrá aportar hasta 60 puntos, la transmisión televisiva 30 puntos y la provisión de 200 mil sillas para los espectáculos otros 10 puntos. Para obtener el máximo puntaje en experiencia, las empresas deberán demostrar haber realizado más de cinco eventos masivos en los últimos diez años. En resumen, esta licitación establece que la capacidad de producción, experiencia y servicios adicionales serán determinantes para elegir a la empresa encargada de La Pampilla de Coquimbo en su próxima edición. Fuente: DiarioElDia Región
Nadie esperaba que un partido de béisbol acabara suspendido por culpa de unos discos de vinilo. Mucho menos que miles de personas invadieran el terreno de juego, arrancaran el césped, prendieran pequeñas hogueras y obligaran a intervenir a la policía antidisturbios. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió la noche del 12 de julio de 1979 en el Comiskey Park de Chicago. La llamada Disco Demolition Night pasó a la historia como uno de los episodios más disparatados que ha vivido la cultura popular estadounidense; también como el símbolo de una guerra musical que escondía bastantes más cosas de las que parecía. Sobre el papel, la idea era casi una broma. Los Chicago White Sox, uno de los equipos de las Grandes Ligas de béisbol, atravesaban una mala racha de asistencia de público. Para animar la doble jornada que iban a disputar frente a los Detroit Tigers, el club aceptó la propuesta de Steve Dahl, un popular locutor de radio que había construido buena parte de su personaje público alrededor de su declarado odio hacia la música disco. La promoción era sencilla: cualquier aficionado que acudiera al estadio llevando un disco de música disco pagaría solo 98 centavos por la entrada. Entre el primer y el segundo partido, todos esos vinilos serían amontonados en el centro del campo y destruidos mediante una explosión controlada. Nadie calculó las consecuencias. A finales de los años setenta, la música disco vivía una situación paradójica. Comercialmente seguía siendo un fenómeno gigantesco. Artistas como Bee Gees, Donna Summer, Chic, Gloria Gaynor o Village People dominaban las listas internacionales y l lenaban las pistas de baile de medio mundo. Saturday Night Fever había transformado el género en un fenómeno global y las discográficas parecían convencidas de que cualquier canción podía convertirse en un éxito si llevaba un bombo insistente y una línea de bajo bailable. Precisamente ese éxito empezó a generar un rechazo cada vez más intenso. Una parte importante del público rock consideraba que la música disco representaba todo aquello contra lo que había nacido el rock: producción excesivamente comercial, artificialidad, predominio del baile sobre las guitarras y una industria más preocupada por fabricar éxitos que por la autenticidad artística. Steve Dahl encarnaba perfectamente ese malestar. Curiosamente, buena parte de su cruzada tenía también un componente personal. Poco antes había perdido su trabajo como locutor cuando la emisora donde trabajaba cambió su programación de rock por música disco. Desde entonces convirtió la crítica al género en una especie de espectáculo radiofónico cargado de humor, exageración y provocación. La convocatoria superó cualquier previsión. Más de 50.000 personas llenaron el estadio y varios miles más permanecieron fuera porque ya no cabía nadie. Muchos ni siquiera tenían interés por el béisbol. Habían acudido exclusivamente para participar en la demolición. El ambiente fue calentándose durante toda la tarde. Cuando terminó el primer partido, Steve Dahl apareció vestido con uniforme militar, recorrió el césped en un vehículo también militar y comenzó un discurso que mezclaba sátira, entusiasmo y una evidente voluntad de convertir el acto en un gran espectáculo colectivo. Después llegó el momento esperado. Los discos fueron depositados dentro de una enorme caja situada sobre el terreno de juego. La explosión funcionó técnicamente. Los vinilos saltaron por los aires entre humo, llamas y fragmentos de plástico negro. Durante unos segundos pareció que todo terminaría ahí. Fue exactamente al revés. Miles de espectadores invadieron inmediatamente el campo. Algunos comenzaron a arrancar trozos de césped como recuerdo. Otros prendieron pequeñas hogueras, lanzaron objetos, destrozaron las redes protectoras y utilizaron las bases como improvisados trofeos. El caos se extendió en cuestión de minutos. La policía tardó bastante tiempo en recuperar el control del estadio. Los White Sox se vieron obligados a cancelar el segundo partido de la jornada y la Liga Americana terminó dando la victoria por incomparecencia a los Detroit Tigers. Lo que había nacido como una ingeniosa campaña de promoción deportiva acababa convertido en uno de los mayores desastres organizativos de la historia del béisbol estadounidense. Con el paso de los años, la lectura del episodio también cambió. Durante mucho tiempo se presentó simplemente como la gran derrota simbólica de la música disco frente al rock. Esa interpretación resulta hoy demasiado simplista. Es cierto que en 1979 el género empezaba a mostrar signos de agotamiento comercial. La saturación de lanzamientos había terminado por desgastar una fórmula que la propia industria explotó hasta el límite. Sin embargo, numerosos historiadores de la música consideran que el rechazo hacia la música disco escondía además otros componentes menos visibles. Conviene recordar que muchos de sus principales protagonistas eran artistas negros, latinos, mujeres y músicos vinculados a la cultura gay. Buena parte de las discotecas donde nació el género habían sido espacios de libertad para comunidades tradicionalmente marginadas. Algunos investigadores sostienen que el movimiento Disco Sucks no solo expresaba un rechazo estético, sino que también canalizaba prejuicios sociales, raciales y homófobos presentes en determinados sectores de la sociedad estadounidense. Eso no significa que todos los asistentes compartieran esas motivaciones. Muchos acudieron simplemente atraídos por el espectáculo o porque preferían escuchar guitarras antes que música de baile. Pero reducir la Disco Demolition Night a una simple guerra entre estilos musicales sería ignorar buena parte del contexto cultural de finales de los setenta. La ironía de toda esta historia es que la música disco nunca desapareció realmente. Cambió de nombre, evolucionó y terminó dando origen al dance-pop, al house, al techno y a buena parte de la música electrónica contemporánea. Muchos de los artistas que entonces renegaban de ella acabarían incorporando ritmos bailables a sus propios discos. Incluso el rock terminó conviviendo con influencias procedentes de un género que había intentado expulsar simbólicamente de un estadio de béisbol. Aquella explosión en el Comiskey Park no consiguió destruir la música disco. Lo que hizo fue inmortalizar uno de los momentos más extravagantes de la historia de la cultura popular, una noche en la que un montón de discos ardiendo terminó reflejando las tensiones de una sociedad mucho más dividida de lo que parecía. A veces un vinilo sirve para escuchar canciones; aquella noche, miles de personas decidieron convertirlo en un proyectil contra una época que ya estaba cambiando.
La noticia, publicada en el diario Los Andes, de Mendoza, dice que los Enanitos Verdes anunció una nueva etapa: los hijos de sus dos integrantes fundadores, Marciano Cantero y Felipe Staiti , continuarán un legado que atravesó décadas y generaciones. A través de las redes sociales oficiales de la banda, el mensaje dice que los Enanitos Verdes están de regreso y que la nueva formación estará integrada por Natalio Staiti, Juan Pablo Staiti y Javier Cantero, hijos de Felipe y Marciano, respectivamente, junto al baterista Jota Morelli ( ex Spinetta, entre otros) y el bajista Guillermo Vadalá (Fito Páez), dos músicos de tremenda trayectoria que formaron parte de la última etapa del grupo. Con músicos de Fito y Spinetta “Hay lazos que no se rompen con el tiempo, se transforman. La música es la herencia más hermosa que se puede dejar”, arranca el comunicado. “Durante décadas, Enanitos Verdes fueron la voz, el bajo, la guitarra y el corazón de Marciano y Felipe. Hoy, sus hijos Natalio, Juan Pablo y Javier, junto a Jota Morelli y Guille Vadalá, nos unimos para continuar el legado”. Según la misma fuente, la iniciativa llegó después de años particularmente difíciles para una de las bandas más importantes surgidas del rock mendocino. Tras la muerte de Marciano Cantero, en septiembre de 2022, el grupo decidió continuar su camino con Felipe Staiti al frente, acompañado por Morelli y Vadalá, entre otros músicos. Los Enanitos volvieron a tocar, hicieron algunas giras y mantuvieron bien en alto la bandera de buena parte del ADN del rock latinoamericano. Pero la muerte de Staiti, en abril de este año, pareció sepultar cualquier tipo de intención. El anuncio propone una respuesta que no busca reemplazar a Marciano ni a Felipe, sino prolongar su historia desde otro lugar. Pura sangre Quienes crecimos con Enanitos Verdes aprendimos que la música no es solo lo que tocamos, sino el refugio donde nos volvemos a encontrar, agrega el posteo.Queremos honrar su sangre y su obra de la única manera que sabemos: ¡haciendo música!. La noticia cierra así: “Con la convicción intacta y el respeto de siempre, asumimos el compromiso de retomar este proyecto y llevarlo nuevamente a la ruta. Gracias por estar del otro lado en cada etapa; los invitamos a seguir acompañándonos en este nuevo camino”. En 1984, Los Enanitos fueron invitados al Festival de La Falda y elegidos como grupo revelación. Grabaron su primer disco homónimo. Sin embargo, Contra reloj, el segundo álbum de estudio, producido por Andrés Calamaro en 1986, los catapultaría a una fama que trascendió las fronteras del rock nacional. Sin fechas a la vista, Enanitos e hijos por ahora es una sorpresa que seguramente muchos seguidores esperaban escuchar. Fuente: clarin.com