El próximo sábado 5 de septiembre, a las 23:59 horas, la mayor parte de Chile continental deberá adelantar sus relojes en 60 minutos para dar inicio al horario de verano (huso UTC-3), con excepción de las regiones de Aysén y Magallanes, que conservarán su régimen actual. Aunque la medida brindará tardes con mayor iluminación natural, implicará mañanas más oscuras, un factor determinante para el funcionamiento biológico del cuerpo humano. Desde la cronobiología, la falta de luz en las primeras horas de la jornada representa un desafío para el reloj circadiano, mecanismo interno encargado de coordinar los ciclos de vigilia y sueño, los niveles de alerta, la secreción de hormonas y el metabolismo general. Efectos inmediatos en el organismo y el descanso La transición artificial de horario suele generar desajustes durante los días posteriores. Debido a que las personas deben iniciar su jornada cuando el cuerpo aún se encuentra preparado para el reposo, es frecuente experimentar somnolencia diurna, fatiga, dificultades para conciliar el sueño y una disminución temporal del rendimiento físico y cognitivo. Asimismo, la literatura médica internacional ha registrado vínculos entre el inicio del horario de verano y un incremento transitorio en episodios cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y siniestros de tránsito. Al respecto, Luis Larrondo, director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), explicó que nuestro organismo no se ajusta automáticamente porque movamos las manecillas del reloj. Al adelantar una hora nuestras actividades, especialmente cuando todavía hay poca luz en las mañanas, estamos obligando al cuerpo a funcionar en un momento en que biológicamente aún está programado para seguir durmiendo. Esa desincronización puede afectar el sueño, el estado de alerta y nuestro desempeño durante el día, advirtió el experto. Frente a las alteraciones recurrentes, el debate científico internacional plantea la necesidad de terminar con los cambios estacionales de hora y fijar de manera definitiva un horario estándar (equivalente al de invierno) . Recomendaciones para enfrentar el ajuste de septiembre Mientras se mantenga vigente el actual marco regulatorio, los especialistas sugieren aplicar una serie de hábitos preventivos para reducir el impacto fisiológico durante los primeros días: Mantener horarios regulares y estables de acostarse y levantarse. Evitar prolongar la vigilia de manera innecesaria durante la noche. Disminuir la exposición a pantallas y dispositivos electrónicos antes de dormir. Procurar recibir luz natural directa durante las primeras horas de la mañana. Pese a estas medidas paliativas, desde la comunidad científica reiteran que el problema de fondo reside en la política de modificación horaria periódica. Fuente: cooperativa.cl
Nadie esperaba que un partido de béisbol acabara suspendido por culpa de unos discos de vinilo. Mucho menos que miles de personas invadieran el terreno de juego, arrancaran el césped, prendieran pequeñas hogueras y obligaran a intervenir a la policía antidisturbios. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió la noche del 12 de julio de 1979 en el Comiskey Park de Chicago. La llamada Disco Demolition Night pasó a la historia como uno de los episodios más disparatados que ha vivido la cultura popular estadounidense; también como el símbolo de una guerra musical que escondía bastantes más cosas de las que parecía. Sobre el papel, la idea era casi una broma. Los Chicago White Sox, uno de los equipos de las Grandes Ligas de béisbol, atravesaban una mala racha de asistencia de público. Para animar la doble jornada que iban a disputar frente a los Detroit Tigers, el club aceptó la propuesta de Steve Dahl, un popular locutor de radio que había construido buena parte de su personaje público alrededor de su declarado odio hacia la música disco. La promoción era sencilla: cualquier aficionado que acudiera al estadio llevando un disco de música disco pagaría solo 98 centavos por la entrada. Entre el primer y el segundo partido, todos esos vinilos serían amontonados en el centro del campo y destruidos mediante una explosión controlada. Nadie calculó las consecuencias. A finales de los años setenta, la música disco vivía una situación paradójica. Comercialmente seguía siendo un fenómeno gigantesco. Artistas como Bee Gees, Donna Summer, Chic, Gloria Gaynor o Village People dominaban las listas internacionales y l lenaban las pistas de baile de medio mundo. Saturday Night Fever había transformado el género en un fenómeno global y las discográficas parecían convencidas de que cualquier canción podía convertirse en un éxito si llevaba un bombo insistente y una línea de bajo bailable. Precisamente ese éxito empezó a generar un rechazo cada vez más intenso. Una parte importante del público rock consideraba que la música disco representaba todo aquello contra lo que había nacido el rock: producción excesivamente comercial, artificialidad, predominio del baile sobre las guitarras y una industria más preocupada por fabricar éxitos que por la autenticidad artística. Steve Dahl encarnaba perfectamente ese malestar. Curiosamente, buena parte de su cruzada tenía también un componente personal. Poco antes había perdido su trabajo como locutor cuando la emisora donde trabajaba cambió su programación de rock por música disco. Desde entonces convirtió la crítica al género en una especie de espectáculo radiofónico cargado de humor, exageración y provocación. La convocatoria superó cualquier previsión. Más de 50.000 personas llenaron el estadio y varios miles más permanecieron fuera porque ya no cabía nadie. Muchos ni siquiera tenían interés por el béisbol. Habían acudido exclusivamente para participar en la demolición. El ambiente fue calentándose durante toda la tarde. Cuando terminó el primer partido, Steve Dahl apareció vestido con uniforme militar, recorrió el césped en un vehículo también militar y comenzó un discurso que mezclaba sátira, entusiasmo y una evidente voluntad de convertir el acto en un gran espectáculo colectivo. Después llegó el momento esperado. Los discos fueron depositados dentro de una enorme caja situada sobre el terreno de juego. La explosión funcionó técnicamente. Los vinilos saltaron por los aires entre humo, llamas y fragmentos de plástico negro. Durante unos segundos pareció que todo terminaría ahí. Fue exactamente al revés. Miles de espectadores invadieron inmediatamente el campo. Algunos comenzaron a arrancar trozos de césped como recuerdo. Otros prendieron pequeñas hogueras, lanzaron objetos, destrozaron las redes protectoras y utilizaron las bases como improvisados trofeos. El caos se extendió en cuestión de minutos. La policía tardó bastante tiempo en recuperar el control del estadio. Los White Sox se vieron obligados a cancelar el segundo partido de la jornada y la Liga Americana terminó dando la victoria por incomparecencia a los Detroit Tigers. Lo que había nacido como una ingeniosa campaña de promoción deportiva acababa convertido en uno de los mayores desastres organizativos de la historia del béisbol estadounidense. Con el paso de los años, la lectura del episodio también cambió. Durante mucho tiempo se presentó simplemente como la gran derrota simbólica de la música disco frente al rock. Esa interpretación resulta hoy demasiado simplista. Es cierto que en 1979 el género empezaba a mostrar signos de agotamiento comercial. La saturación de lanzamientos había terminado por desgastar una fórmula que la propia industria explotó hasta el límite. Sin embargo, numerosos historiadores de la música consideran que el rechazo hacia la música disco escondía además otros componentes menos visibles. Conviene recordar que muchos de sus principales protagonistas eran artistas negros, latinos, mujeres y músicos vinculados a la cultura gay. Buena parte de las discotecas donde nació el género habían sido espacios de libertad para comunidades tradicionalmente marginadas. Algunos investigadores sostienen que el movimiento Disco Sucks no solo expresaba un rechazo estético, sino que también canalizaba prejuicios sociales, raciales y homófobos presentes en determinados sectores de la sociedad estadounidense. Eso no significa que todos los asistentes compartieran esas motivaciones. Muchos acudieron simplemente atraídos por el espectáculo o porque preferían escuchar guitarras antes que música de baile. Pero reducir la Disco Demolition Night a una simple guerra entre estilos musicales sería ignorar buena parte del contexto cultural de finales de los setenta. La ironía de toda esta historia es que la música disco nunca desapareció realmente. Cambió de nombre, evolucionó y terminó dando origen al dance-pop, al house, al techno y a buena parte de la música electrónica contemporánea. Muchos de los artistas que entonces renegaban de ella acabarían incorporando ritmos bailables a sus propios discos. Incluso el rock terminó conviviendo con influencias procedentes de un género que había intentado expulsar simbólicamente de un estadio de béisbol. Aquella explosión en el Comiskey Park no consiguió destruir la música disco. Lo que hizo fue inmortalizar uno de los momentos más extravagantes de la historia de la cultura popular, una noche en la que un montón de discos ardiendo terminó reflejando las tensiones de una sociedad mucho más dividida de lo que parecía. A veces un vinilo sirve para escuchar canciones; aquella noche, miles de personas decidieron convertirlo en un proyectil contra una época que ya estaba cambiando.
La noticia, publicada en el diario Los Andes, de Mendoza, dice que los Enanitos Verdes anunció una nueva etapa: los hijos de sus dos integrantes fundadores, Marciano Cantero y Felipe Staiti , continuarán un legado que atravesó décadas y generaciones. A través de las redes sociales oficiales de la banda, el mensaje dice que los Enanitos Verdes están de regreso y que la nueva formación estará integrada por Natalio Staiti, Juan Pablo Staiti y Javier Cantero, hijos de Felipe y Marciano, respectivamente, junto al baterista Jota Morelli ( ex Spinetta, entre otros) y el bajista Guillermo Vadalá (Fito Páez), dos músicos de tremenda trayectoria que formaron parte de la última etapa del grupo. Con músicos de Fito y Spinetta “Hay lazos que no se rompen con el tiempo, se transforman. La música es la herencia más hermosa que se puede dejar”, arranca el comunicado. “Durante décadas, Enanitos Verdes fueron la voz, el bajo, la guitarra y el corazón de Marciano y Felipe. Hoy, sus hijos Natalio, Juan Pablo y Javier, junto a Jota Morelli y Guille Vadalá, nos unimos para continuar el legado”. Según la misma fuente, la iniciativa llegó después de años particularmente difíciles para una de las bandas más importantes surgidas del rock mendocino. Tras la muerte de Marciano Cantero, en septiembre de 2022, el grupo decidió continuar su camino con Felipe Staiti al frente, acompañado por Morelli y Vadalá, entre otros músicos. Los Enanitos volvieron a tocar, hicieron algunas giras y mantuvieron bien en alto la bandera de buena parte del ADN del rock latinoamericano. Pero la muerte de Staiti, en abril de este año, pareció sepultar cualquier tipo de intención. El anuncio propone una respuesta que no busca reemplazar a Marciano ni a Felipe, sino prolongar su historia desde otro lugar. Pura sangre Quienes crecimos con Enanitos Verdes aprendimos que la música no es solo lo que tocamos, sino el refugio donde nos volvemos a encontrar, agrega el posteo.Queremos honrar su sangre y su obra de la única manera que sabemos: ¡haciendo música!. La noticia cierra así: “Con la convicción intacta y el respeto de siempre, asumimos el compromiso de retomar este proyecto y llevarlo nuevamente a la ruta. Gracias por estar del otro lado en cada etapa; los invitamos a seguir acompañándonos en este nuevo camino”. En 1984, Los Enanitos fueron invitados al Festival de La Falda y elegidos como grupo revelación. Grabaron su primer disco homónimo. Sin embargo, Contra reloj, el segundo álbum de estudio, producido por Andrés Calamaro en 1986, los catapultaría a una fama que trascendió las fronteras del rock nacional. Sin fechas a la vista, Enanitos e hijos por ahora es una sorpresa que seguramente muchos seguidores esperaban escuchar. Fuente: clarin.com
El proyecto HAARP (Programa de Investigación Auroral Activa de Alta Frecuencia), un programa científico centrado en la investigación del comportamiento de la ionosfera (una capa de la atmósfera que contiene partículas ionizadas), ha generado una ola de desinformación, malentendidos y controversia en las redes sociales, principalmente debido a su compleja tecnología y financiación militar. Para el público general, esto da la impresión de un dispositivo misterioso y potencialmente peligroso. Al leer (des)información, se llega a creer que este dispositivo controla el clima y es responsable de la formación de huracanes, terremotos, inundaciones o, por el contrario, sequías e incendios. En realidad, se trata de una instalación científica ubicada cerca de Gakona, Alaska, cuyo instrumento principal es el Instrumento de Investigación Ionosférica, que consta de un campo de 180 antenas de radio distribuidas en un área de 0,13 kilómetros cuadrados. Estas antenas se utilizan para estudiar fenómenos que ocurren a altitudes de más de 50 kilómetros sobre la superficie de la Tierra, donde el viento solar causa la ionización de átomos y moléculas (dando como resultado, por ejemplo, la aurora boreal). Aunque se trata solo de un proyecto científico avanzado, ha generado y sigue generando numerosas teorías conspirativas. Entre las afirmaciones típicas de desinformación se incluyen especulaciones sobre la capacidad de HAARP para alterar el clima o ser un «arma de último recurso». Otra pseudoteoría afirma que HAARP, cuando se utiliza con fines militares, puede perturbar el campo magnético de la Tierra, permitiendo que la radiación cósmica dañina penetre en la superficie. Algunos incluso creen que HAARP puede influir deliberadamente en la mente humana mediante ondas electromagnéticas . En Facebook y otras plataformas se comparten vídeos y fotos con contenido desinformación que afirman que HAARP es una herramienta militar secreta para conspiraciones geopolíticas o el control de desastres naturales, a menudo en relación con sucesos actuales en la superficie terrestre (desastres). La desconfianza hacia las instituciones y los gobiernos también alimenta la desinformación sobre HAARP en las redes sociales. En las redes sociales checas circulan teorías conspirativas que afirman que los radares meteorológicos checos (Skalky o Brdy) no son meros dispositivos pasivos, sino que, gracias a sistemas estadounidenses especiales, incluido HAARP, «producen» directamente el clima y, por lo tanto, provocan fuertes lluvias e inundaciones. Estas teorías se apoyan en imágenes falsas de datos de radar con supuestos círculos concéntricos, que, sin embargo, son el resultado de errores técnicos de medición y no evidencia de manipulación artificial del clima. Otro bulo afirma que el gobierno y los meteorólogos están encubriendo estos actos y asustando deliberadamente a la población con fines políticos. El Instituto Hidrometeorológico Checo y otros especialistas han refutado reiteradamente cualquier conexión entre los radares, HAARP y los patrones climáticos, señalando que las inundaciones en la República Checa, por ejemplo, son un fenómeno natural causado por sistemas de presión atmosférica sobre Europa. El proyecto HAARP, el equipo en su sede ubicada en una remota zona de Alaska, los métodos de investigación y los objetivos del proyecto son difíciles de comprender para el público general, lo que da pie a diversas teorías conspirativas. Otro factor es que el proyecto fue financiado inicialmente por la Fuerza Aérea y la Armada de los Estados Unidos, lo que también contribuye a aumentar la desconfianza y la sensación de secretismo. Es muy difícil contrarrestar ideas sin sentido. En este caso, la educación a largo plazo puede ser eficaz contra las afirmaciones demagógicas. Un ejemplo es Finlandia, que cuenta con un sistema educativo sofisticado donde se imparten conocimientos sobre medios de comunicación y alfabetización digital desde temprana edad. De esta manera, la población está mejor preparada para reconocer la desinformación. La educación superior en matemáticas y física contribuye a que las personas sean más capaces de trabajar con datos, comprender los principios de los fenómenos naturales y ser menos vulnerables a las teorías conspirativas pseudocientíficas. Por último, cabe destacar que la dirección de la Universidad de Alaska, que supervisa el proyecto HAARP, ha establecido la tradición de organizar jornadas de puertas abiertas. El año pasado, la primera tuvo lugar durante la primera quincena de agosto. La visita incluye una presentación introductoria, un recorrido por el edificio de control, un paseo entre las antenas, un taller con experimentos para adultos y niños, y una charla con científicos. Los teóricos de la conspiración, si no temen ser manipulados por ondas electromagnéticas, pueden visitar las instalaciones de HAARP en persona y de forma gratuita.
Una profunda molestia causó en las autoridades de la Universidad Austral de Chile (UACh) la realización de una masiva actividad recreativa autoconvocada por estudiantes y conocida como la Batalla de aura, la cual se volvió viral en redes sociales durante la jornada del jueves 20 de agosto. Cabe aclarar que las batallas de aura son competencias virales de redes sociales donde dos o más jóvenes se enfrentan en espacios públicos realizando poses, gestos exagerados, caminatas de confianza y actitudes imponentes para demostrar quién transmite más carisma. De acuerdo a un comunicado del director de la Escuela de Derecho de la UACh, Sebastián Ríos Labbé, el evento desarrollado en el frontis de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales en el campus Isla Teja de Valdivia, generó una alta concentración de público y ruidos molestos que interrumpieron las aulas de clase. En el mismo escrito, la autoridad aclaró que, tras efectuar las consultas de rigor, se confirmó que ni el Centro de Estudiantes de Derecho ni la Federación de Estudiantes de la Universidad Austral de Chile (Feuach) tuvieron participación en la organización del encuentro. Falta de autorizaciones Asimismo, en la misiva se precisó que el uso de los espacios del campus requiere obligatoriamente una autorización previa de la Dirección de Infraestructura y Servicios de la casa de estudios. En la oportunidad, se enfatizó que el aviso oportuno es de rigor para compatibilizar el esparcimiento con el normal desarrollo de las clases, condiciones que no se cumplieron. Debido al ruido y a la gran concurrencia de público, esto ha supuesto una grave perturbación de las actividades académicas, manifestó la autoridad. De acuerdo con información obtenida por Diario de Valdivia, la dirección de la escuela lamentó lo sucedido e hizo un directo llamado a los alumnos a evaluar el impacto de sumarse a convocatorias informales en el campus. Quisiera con estas líneas llamarles a la reflexión acerca de su participación en actividades que, por muy populares que sean, no cuentan con autorización y obstaculizan el normal desarrollo de las actividades académicas, concluyó la autoridad. Fuente: diariodevaldivia.cl
El próximo sábado 5 de septiembre, a las 23:59 horas, la mayor parte de Chile continental deberá adelantar sus relojes en 60 minutos para dar inicio al horario de verano (huso UTC-3), con excepción de las regiones de Aysén y Magallanes, que conservarán su régimen actual. Aunque la medida brindará tardes con mayor iluminación natural, implicará mañanas más oscuras, un factor determinante para el funcionamiento biológico del cuerpo humano. Desde la cronobiología, la falta de luz en las primeras horas de la jornada representa un desafío para el reloj circadiano, mecanismo interno encargado de coordinar los ciclos de vigilia y sueño, los niveles de alerta, la secreción de hormonas y el metabolismo general. Efectos inmediatos en el organismo y el descanso La transición artificial de horario suele generar desajustes durante los días posteriores. Debido a que las personas deben iniciar su jornada cuando el cuerpo aún se encuentra preparado para el reposo, es frecuente experimentar somnolencia diurna, fatiga, dificultades para conciliar el sueño y una disminución temporal del rendimiento físico y cognitivo. Asimismo, la literatura médica internacional ha registrado vínculos entre el inicio del horario de verano y un incremento transitorio en episodios cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y siniestros de tránsito. Al respecto, Luis Larrondo, director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), explicó que nuestro organismo no se ajusta automáticamente porque movamos las manecillas del reloj. Al adelantar una hora nuestras actividades, especialmente cuando todavía hay poca luz en las mañanas, estamos obligando al cuerpo a funcionar en un momento en que biológicamente aún está programado para seguir durmiendo. Esa desincronización puede afectar el sueño, el estado de alerta y nuestro desempeño durante el día, advirtió el experto. Frente a las alteraciones recurrentes, el debate científico internacional plantea la necesidad de terminar con los cambios estacionales de hora y fijar de manera definitiva un horario estándar (equivalente al de invierno) . Recomendaciones para enfrentar el ajuste de septiembre Mientras se mantenga vigente el actual marco regulatorio, los especialistas sugieren aplicar una serie de hábitos preventivos para reducir el impacto fisiológico durante los primeros días: Mantener horarios regulares y estables de acostarse y levantarse. Evitar prolongar la vigilia de manera innecesaria durante la noche. Disminuir la exposición a pantallas y dispositivos electrónicos antes de dormir. Procurar recibir luz natural directa durante las primeras horas de la mañana. Pese a estas medidas paliativas, desde la comunidad científica reiteran que el problema de fondo reside en la política de modificación horaria periódica. Fuente: cooperativa.cl
Nadie esperaba que un partido de béisbol acabara suspendido por culpa de unos discos de vinilo. Mucho menos que miles de personas invadieran el terreno de juego, arrancaran el césped, prendieran pequeñas hogueras y obligaran a intervenir a la policía antidisturbios. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió la noche del 12 de julio de 1979 en el Comiskey Park de Chicago. La llamada Disco Demolition Night pasó a la historia como uno de los episodios más disparatados que ha vivido la cultura popular estadounidense; también como el símbolo de una guerra musical que escondía bastantes más cosas de las que parecía. Sobre el papel, la idea era casi una broma. Los Chicago White Sox, uno de los equipos de las Grandes Ligas de béisbol, atravesaban una mala racha de asistencia de público. Para animar la doble jornada que iban a disputar frente a los Detroit Tigers, el club aceptó la propuesta de Steve Dahl, un popular locutor de radio que había construido buena parte de su personaje público alrededor de su declarado odio hacia la música disco. La promoción era sencilla: cualquier aficionado que acudiera al estadio llevando un disco de música disco pagaría solo 98 centavos por la entrada. Entre el primer y el segundo partido, todos esos vinilos serían amontonados en el centro del campo y destruidos mediante una explosión controlada. Nadie calculó las consecuencias. A finales de los años setenta, la música disco vivía una situación paradójica. Comercialmente seguía siendo un fenómeno gigantesco. Artistas como Bee Gees, Donna Summer, Chic, Gloria Gaynor o Village People dominaban las listas internacionales y l lenaban las pistas de baile de medio mundo. Saturday Night Fever había transformado el género en un fenómeno global y las discográficas parecían convencidas de que cualquier canción podía convertirse en un éxito si llevaba un bombo insistente y una línea de bajo bailable. Precisamente ese éxito empezó a generar un rechazo cada vez más intenso. Una parte importante del público rock consideraba que la música disco representaba todo aquello contra lo que había nacido el rock: producción excesivamente comercial, artificialidad, predominio del baile sobre las guitarras y una industria más preocupada por fabricar éxitos que por la autenticidad artística. Steve Dahl encarnaba perfectamente ese malestar. Curiosamente, buena parte de su cruzada tenía también un componente personal. Poco antes había perdido su trabajo como locutor cuando la emisora donde trabajaba cambió su programación de rock por música disco. Desde entonces convirtió la crítica al género en una especie de espectáculo radiofónico cargado de humor, exageración y provocación. La convocatoria superó cualquier previsión. Más de 50.000 personas llenaron el estadio y varios miles más permanecieron fuera porque ya no cabía nadie. Muchos ni siquiera tenían interés por el béisbol. Habían acudido exclusivamente para participar en la demolición. El ambiente fue calentándose durante toda la tarde. Cuando terminó el primer partido, Steve Dahl apareció vestido con uniforme militar, recorrió el césped en un vehículo también militar y comenzó un discurso que mezclaba sátira, entusiasmo y una evidente voluntad de convertir el acto en un gran espectáculo colectivo. Después llegó el momento esperado. Los discos fueron depositados dentro de una enorme caja situada sobre el terreno de juego. La explosión funcionó técnicamente. Los vinilos saltaron por los aires entre humo, llamas y fragmentos de plástico negro. Durante unos segundos pareció que todo terminaría ahí. Fue exactamente al revés. Miles de espectadores invadieron inmediatamente el campo. Algunos comenzaron a arrancar trozos de césped como recuerdo. Otros prendieron pequeñas hogueras, lanzaron objetos, destrozaron las redes protectoras y utilizaron las bases como improvisados trofeos. El caos se extendió en cuestión de minutos. La policía tardó bastante tiempo en recuperar el control del estadio. Los White Sox se vieron obligados a cancelar el segundo partido de la jornada y la Liga Americana terminó dando la victoria por incomparecencia a los Detroit Tigers. Lo que había nacido como una ingeniosa campaña de promoción deportiva acababa convertido en uno de los mayores desastres organizativos de la historia del béisbol estadounidense. Con el paso de los años, la lectura del episodio también cambió. Durante mucho tiempo se presentó simplemente como la gran derrota simbólica de la música disco frente al rock. Esa interpretación resulta hoy demasiado simplista. Es cierto que en 1979 el género empezaba a mostrar signos de agotamiento comercial. La saturación de lanzamientos había terminado por desgastar una fórmula que la propia industria explotó hasta el límite. Sin embargo, numerosos historiadores de la música consideran que el rechazo hacia la música disco escondía además otros componentes menos visibles. Conviene recordar que muchos de sus principales protagonistas eran artistas negros, latinos, mujeres y músicos vinculados a la cultura gay. Buena parte de las discotecas donde nació el género habían sido espacios de libertad para comunidades tradicionalmente marginadas. Algunos investigadores sostienen que el movimiento Disco Sucks no solo expresaba un rechazo estético, sino que también canalizaba prejuicios sociales, raciales y homófobos presentes en determinados sectores de la sociedad estadounidense. Eso no significa que todos los asistentes compartieran esas motivaciones. Muchos acudieron simplemente atraídos por el espectáculo o porque preferían escuchar guitarras antes que música de baile. Pero reducir la Disco Demolition Night a una simple guerra entre estilos musicales sería ignorar buena parte del contexto cultural de finales de los setenta. La ironía de toda esta historia es que la música disco nunca desapareció realmente. Cambió de nombre, evolucionó y terminó dando origen al dance-pop, al house, al techno y a buena parte de la música electrónica contemporánea. Muchos de los artistas que entonces renegaban de ella acabarían incorporando ritmos bailables a sus propios discos. Incluso el rock terminó conviviendo con influencias procedentes de un género que había intentado expulsar simbólicamente de un estadio de béisbol. Aquella explosión en el Comiskey Park no consiguió destruir la música disco. Lo que hizo fue inmortalizar uno de los momentos más extravagantes de la historia de la cultura popular, una noche en la que un montón de discos ardiendo terminó reflejando las tensiones de una sociedad mucho más dividida de lo que parecía. A veces un vinilo sirve para escuchar canciones; aquella noche, miles de personas decidieron convertirlo en un proyectil contra una época que ya estaba cambiando.
La noticia, publicada en el diario Los Andes, de Mendoza, dice que los Enanitos Verdes anunció una nueva etapa: los hijos de sus dos integrantes fundadores, Marciano Cantero y Felipe Staiti , continuarán un legado que atravesó décadas y generaciones. A través de las redes sociales oficiales de la banda, el mensaje dice que los Enanitos Verdes están de regreso y que la nueva formación estará integrada por Natalio Staiti, Juan Pablo Staiti y Javier Cantero, hijos de Felipe y Marciano, respectivamente, junto al baterista Jota Morelli ( ex Spinetta, entre otros) y el bajista Guillermo Vadalá (Fito Páez), dos músicos de tremenda trayectoria que formaron parte de la última etapa del grupo. Con músicos de Fito y Spinetta “Hay lazos que no se rompen con el tiempo, se transforman. La música es la herencia más hermosa que se puede dejar”, arranca el comunicado. “Durante décadas, Enanitos Verdes fueron la voz, el bajo, la guitarra y el corazón de Marciano y Felipe. Hoy, sus hijos Natalio, Juan Pablo y Javier, junto a Jota Morelli y Guille Vadalá, nos unimos para continuar el legado”. Según la misma fuente, la iniciativa llegó después de años particularmente difíciles para una de las bandas más importantes surgidas del rock mendocino. Tras la muerte de Marciano Cantero, en septiembre de 2022, el grupo decidió continuar su camino con Felipe Staiti al frente, acompañado por Morelli y Vadalá, entre otros músicos. Los Enanitos volvieron a tocar, hicieron algunas giras y mantuvieron bien en alto la bandera de buena parte del ADN del rock latinoamericano. Pero la muerte de Staiti, en abril de este año, pareció sepultar cualquier tipo de intención. El anuncio propone una respuesta que no busca reemplazar a Marciano ni a Felipe, sino prolongar su historia desde otro lugar. Pura sangre Quienes crecimos con Enanitos Verdes aprendimos que la música no es solo lo que tocamos, sino el refugio donde nos volvemos a encontrar, agrega el posteo.Queremos honrar su sangre y su obra de la única manera que sabemos: ¡haciendo música!. La noticia cierra así: “Con la convicción intacta y el respeto de siempre, asumimos el compromiso de retomar este proyecto y llevarlo nuevamente a la ruta. Gracias por estar del otro lado en cada etapa; los invitamos a seguir acompañándonos en este nuevo camino”. En 1984, Los Enanitos fueron invitados al Festival de La Falda y elegidos como grupo revelación. Grabaron su primer disco homónimo. Sin embargo, Contra reloj, el segundo álbum de estudio, producido por Andrés Calamaro en 1986, los catapultaría a una fama que trascendió las fronteras del rock nacional. Sin fechas a la vista, Enanitos e hijos por ahora es una sorpresa que seguramente muchos seguidores esperaban escuchar. Fuente: clarin.com
El proyecto HAARP (Programa de Investigación Auroral Activa de Alta Frecuencia), un programa científico centrado en la investigación del comportamiento de la ionosfera (una capa de la atmósfera que contiene partículas ionizadas), ha generado una ola de desinformación, malentendidos y controversia en las redes sociales, principalmente debido a su compleja tecnología y financiación militar. Para el público general, esto da la impresión de un dispositivo misterioso y potencialmente peligroso. Al leer (des)información, se llega a creer que este dispositivo controla el clima y es responsable de la formación de huracanes, terremotos, inundaciones o, por el contrario, sequías e incendios. En realidad, se trata de una instalación científica ubicada cerca de Gakona, Alaska, cuyo instrumento principal es el Instrumento de Investigación Ionosférica, que consta de un campo de 180 antenas de radio distribuidas en un área de 0,13 kilómetros cuadrados. Estas antenas se utilizan para estudiar fenómenos que ocurren a altitudes de más de 50 kilómetros sobre la superficie de la Tierra, donde el viento solar causa la ionización de átomos y moléculas (dando como resultado, por ejemplo, la aurora boreal). Aunque se trata solo de un proyecto científico avanzado, ha generado y sigue generando numerosas teorías conspirativas. Entre las afirmaciones típicas de desinformación se incluyen especulaciones sobre la capacidad de HAARP para alterar el clima o ser un «arma de último recurso». Otra pseudoteoría afirma que HAARP, cuando se utiliza con fines militares, puede perturbar el campo magnético de la Tierra, permitiendo que la radiación cósmica dañina penetre en la superficie. Algunos incluso creen que HAARP puede influir deliberadamente en la mente humana mediante ondas electromagnéticas . En Facebook y otras plataformas se comparten vídeos y fotos con contenido desinformación que afirman que HAARP es una herramienta militar secreta para conspiraciones geopolíticas o el control de desastres naturales, a menudo en relación con sucesos actuales en la superficie terrestre (desastres). La desconfianza hacia las instituciones y los gobiernos también alimenta la desinformación sobre HAARP en las redes sociales. En las redes sociales checas circulan teorías conspirativas que afirman que los radares meteorológicos checos (Skalky o Brdy) no son meros dispositivos pasivos, sino que, gracias a sistemas estadounidenses especiales, incluido HAARP, «producen» directamente el clima y, por lo tanto, provocan fuertes lluvias e inundaciones. Estas teorías se apoyan en imágenes falsas de datos de radar con supuestos círculos concéntricos, que, sin embargo, son el resultado de errores técnicos de medición y no evidencia de manipulación artificial del clima. Otro bulo afirma que el gobierno y los meteorólogos están encubriendo estos actos y asustando deliberadamente a la población con fines políticos. El Instituto Hidrometeorológico Checo y otros especialistas han refutado reiteradamente cualquier conexión entre los radares, HAARP y los patrones climáticos, señalando que las inundaciones en la República Checa, por ejemplo, son un fenómeno natural causado por sistemas de presión atmosférica sobre Europa. El proyecto HAARP, el equipo en su sede ubicada en una remota zona de Alaska, los métodos de investigación y los objetivos del proyecto son difíciles de comprender para el público general, lo que da pie a diversas teorías conspirativas. Otro factor es que el proyecto fue financiado inicialmente por la Fuerza Aérea y la Armada de los Estados Unidos, lo que también contribuye a aumentar la desconfianza y la sensación de secretismo. Es muy difícil contrarrestar ideas sin sentido. En este caso, la educación a largo plazo puede ser eficaz contra las afirmaciones demagógicas. Un ejemplo es Finlandia, que cuenta con un sistema educativo sofisticado donde se imparten conocimientos sobre medios de comunicación y alfabetización digital desde temprana edad. De esta manera, la población está mejor preparada para reconocer la desinformación. La educación superior en matemáticas y física contribuye a que las personas sean más capaces de trabajar con datos, comprender los principios de los fenómenos naturales y ser menos vulnerables a las teorías conspirativas pseudocientíficas. Por último, cabe destacar que la dirección de la Universidad de Alaska, que supervisa el proyecto HAARP, ha establecido la tradición de organizar jornadas de puertas abiertas. El año pasado, la primera tuvo lugar durante la primera quincena de agosto. La visita incluye una presentación introductoria, un recorrido por el edificio de control, un paseo entre las antenas, un taller con experimentos para adultos y niños, y una charla con científicos. Los teóricos de la conspiración, si no temen ser manipulados por ondas electromagnéticas, pueden visitar las instalaciones de HAARP en persona y de forma gratuita.
Una profunda molestia causó en las autoridades de la Universidad Austral de Chile (UACh) la realización de una masiva actividad recreativa autoconvocada por estudiantes y conocida como la Batalla de aura, la cual se volvió viral en redes sociales durante la jornada del jueves 20 de agosto. Cabe aclarar que las batallas de aura son competencias virales de redes sociales donde dos o más jóvenes se enfrentan en espacios públicos realizando poses, gestos exagerados, caminatas de confianza y actitudes imponentes para demostrar quién transmite más carisma. De acuerdo a un comunicado del director de la Escuela de Derecho de la UACh, Sebastián Ríos Labbé, el evento desarrollado en el frontis de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales en el campus Isla Teja de Valdivia, generó una alta concentración de público y ruidos molestos que interrumpieron las aulas de clase. En el mismo escrito, la autoridad aclaró que, tras efectuar las consultas de rigor, se confirmó que ni el Centro de Estudiantes de Derecho ni la Federación de Estudiantes de la Universidad Austral de Chile (Feuach) tuvieron participación en la organización del encuentro. Falta de autorizaciones Asimismo, en la misiva se precisó que el uso de los espacios del campus requiere obligatoriamente una autorización previa de la Dirección de Infraestructura y Servicios de la casa de estudios. En la oportunidad, se enfatizó que el aviso oportuno es de rigor para compatibilizar el esparcimiento con el normal desarrollo de las clases, condiciones que no se cumplieron. Debido al ruido y a la gran concurrencia de público, esto ha supuesto una grave perturbación de las actividades académicas, manifestó la autoridad. De acuerdo con información obtenida por Diario de Valdivia, la dirección de la escuela lamentó lo sucedido e hizo un directo llamado a los alumnos a evaluar el impacto de sumarse a convocatorias informales en el campus. Quisiera con estas líneas llamarles a la reflexión acerca de su participación en actividades que, por muy populares que sean, no cuentan con autorización y obstaculizan el normal desarrollo de las actividades académicas, concluyó la autoridad. Fuente: diariodevaldivia.cl