Este sábado se concreto el cambio al horario de invierno, retrasando los relojes en una hora. Aunque para muchos adultos puede parecer un ajuste menor, en las familias con niños este tipo de modificaciones suele vivirse de forma distinta. En medio de rutinas escolares, horarios exigentes y cansancio acumulado, cualquier alteración puede impactar más de lo esperado en el día a día. En la infancia, los horarios no son solo organización: son parte de la estabilidad emocional. Dormir, comer y realizar actividades a horas predecibles ayuda a los niños a sentirse seguros y a regular mejor su energía y sus emociones. Por eso, cuando estos ritmos cambian, incluso levemente, el proceso de adaptación puede ser más desafiante.“ Los niños no siempre logran expresar que están cansados o desajustados. Muchas veces lo que aparece es irritabilidad, mayor sensibilidad o conductas que los adultos interpretan como ‘desobediencia’, cuando en realidad hay un malestar detrás ”, explica la Dra. Labbé, psiquiatra infanto juvenil y directora médica de Clínica MirAndes Manquehue. Durante los primeros días tras el cambio de hora, es esperable observar dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos o mayor somnolencia durante el día. A esto se pueden sumar cambios en el ánimo, como mayor frustración, llanto fácil o menor tolerancia a los cambios. “ También puede haber un impacto en la atención y en la capacidad de concentración, lo que a veces se traduce en un peor rendimiento escolar o mayor inquietud en clases, especialmente en los primeros días”, agrega la especialista. El impacto no es igual para todos. Niños más pequeños, aquellos con rutinas muy estructuradas o con dificultades previas de sueño pueden requerir más tiempo para adaptarse. Asimismo, en niños dentro del espectro autista, donde la predictibilidad es clave, estos cambios pueden generar mayor desregulación emocional o conductual. “ En estos casos, anticipar lo que va a pasar, explicar los cambios con tiempo y acompañar con mayor contención puede marcar una gran diferencia en cómo los niños enfrentan la transición ”, señala la Dra. Labbé. Frente a este escenario, los especialistas recomiendan facilitar la adaptación con medidas simples: mantener horarios consistentes, reducir la exposición a pantallas antes de dormir, y aprovechar la luz natural durante la mañana para ayudar a regular el ciclo de sueño. “ Más que hacer cambios bruscos, lo ideal es ajustar las rutinas de forma gradual y sostener hábitos que den seguridad. La repetición y la consistencia son clave para que los niños logren adaptarse ”, explica. Si bien la mayoría de los niños se ajusta en pocos días, es importante estar atentos a ciertas señales. Cuando las dificultades para dormir se prolongan, el cansancio es persistente o los cambios en el ánimo afectan el funcionamiento diario, puede ser necesario consultar. “ Un buen indicador es observar si el niño logra recuperar su energía y su ánimo habitual con el paso de los días. Si eso no ocurre, o si el malestar va en aumento, es importante pedir orientación profesional”, advierte la psiquiatra. En un escenario donde el descanso es fundamental para el desarrollo, este cambio de hora también puede ser una oportunidad para mirar las rutinas familiares con mayor atención. Acompañar, anticipar y ajustar las expectativas durante estos días puede ayudar a que la transición sea más amable, tanto para los niños como para sus cuidadores.
Probablemente haya escuchado mucho sobre el vapeo últimamente. Puede que también sepa sobre el reciente brote de lesiones pulmonares y muertes relacionadas con el vapeo en los EE. UU. Pero esos no son los únicos riesgos que conlleva el vapeo. Esto es lo que necesita saber. Los dispositivos de vapeo, también conocidos como cigarrillos electrónicos, plumas de vapeo y cachimbas electrónicas, entre otros términos, vienen en muchas formas y tamaños. Algunos parecen cigarrillos, cigarros o pipas tradicionales. Otros tienen la forma de objetos cotidianos, como bolígrafos o memorias USB. Si bien pueden parecer diferentes, la mayoría de los dispositivos de vapeo funcionan de manera similar. La inhalación activa un dispositivo de calentamiento a batería. Esto calienta el líquido en un cartucho, convirtiéndolo en vapores que se inhalan. El vapeo expone los pulmones a una variedad de productos químicos. Estos pueden incluir los principales productos químicos activos en el tabaco (nicotina) o marihuana (THC), saborizantes y otros ingredientes que se agregan a los líquidos de vapeo. Además, se pueden producir otros productos químicos durante el proceso de vapeo. Si el líquido contiene nicotina, el usuario está inhalando nicotina junto con los otros ingredientes en el líquido, explica el Dr. Thomas Eissenberg, experto en investigación del tabaco en la Universidad de la Mancomunidad de Virginia. Si bien los dispositivos de vapeo funcionan de manera similar, algunos son más potentes que otros. Crean más vapor y liberan más productos químicos. Entonces, ¿qué tan seguro es el vapeo? Los estudios sugieren que el vapeo de nicotina puede ser menos dañino que los cigarrillos tradicionales cuando las personas que fuman regularmente cambian a ellos como un reemplazo completo. Pero el vapeo de nicotina aún podría dañar su salud. Los pulmones no están diseñados para lidiar con el desafío constante de la falta de aire que las personas les están provocando — a veces hasta 200 inhalaciones al día — día tras día, semana tras semana, año tras año, dice Eissenberg. Está inhalando propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes que se hicieron para comer pero no para inhalar, y nicotina, explica. “Y todos esos se calientan en un pequeño reactor, que es un cigarrillo electrónico. Cuando se calientan, esos componentes pueden convertirse en otros químicos potencialmente peligrosos. Una sustancia química nociva puede ser un agente espesante llamado acetato de vitamina E, que a veces se usa como aditivo en productos de vapeo que contienen THC. Los CDC lo identificaron como un químico preocupante entre las personas con lesiones pulmonares asociadas al vapeo. Recomiendan evitar cualquier producto de vapeo que contenga acetato de vitamina E o THC, particularmente aquellos de fuentes informales como amigos, familiares, o distribuidores en persona o por Internet. El vapeo ahora es más popular entre los adolescentes que el fumar cigarrillos tradicionales. Uno de cada cuatro estudiantes de último año de secundaria dice que vapeó nicotina en el último mes. Y los estudios han descubierto que los adolescentes que vapean nicotina pueden ser más propensos a fumar cigarrillos tradicionales. El vapeo de marihuana también ha aumentado dramáticamente entre los adolescentes. Alrededor del 20% de los estudiantes de último año de secundaria vapearon marihuana en el último año. Las tasas se han más que duplicado en los últimos dos años. Las nuevas leyes tienen como objetivo frenar el vapeo entre los adolescentes. Las personas ahora deben tener 21 años para comprar cualquier producto de tabaco, incluidos los productos de vapeo. Y las empresas ya no pueden producir y vender sabores que atraigan a los niños, como fruta y menta.
Dormir bien no solo permite recuperar energía, sino que también influye directamente en la salud cardiovascular, metabólica y emocional de las personas. Por ello, mantener una adecuada higiene del sueño es un factor clave para el bienestar físico y mental. En este sentido, Claudia Correa, directora del área de Salud en IP-CFT Santo Tomás, sede Santiago Centro, enfatizó que un descanso adecuado es fundamental para un estilo de vida saludable y que pequeños cambios en los hábitos diarios pueden marcar una gran diferencia en la calidad del sueño. Un punto clave en este proceso es la higiene del sueño. La profesional explicó que corresponde al conjunto de hábitos que facilitan un descanso reparador. “No cuidarla conlleva riesgos graves que afectan prácticamente todos los sistemas de nuestro organismo”, agregó. “La privación de sueño causa cansancio, ansiedad, depresión, mal humor e irritabilidad, reduce la capacidad de concentración, el aprendizaje y la memoria”, precisó Correa. ¿Qué pasa si no duermo lo suficiente? La directora advirtió que los efectos de un mal descanso también pueden manifestarse a largo plazo en la salud física, ya que “aumenta el riesgo de desarrollar un gran número de enfermedades a largo plazo, como una baja en la inmunidad y trastornos cardiovasculares”. La experta mencionó que no tener un buen dormir “eleva la presión arterial y la frecuencia cardíaca, incrementando el riesgo de hipertensión, infartos y accidentes cerebrovasculares. También puede favorecer trastornos metabólicos como la obesidad y la aparición de diabetes tipo 2“. Horarios para dormir mejor Respecto a las horas recomendadas de descanso, la especialista indicó que los adultos necesitan un rango adecuado de sueño para mantener una buena salud. “En general, los adultos necesitan entre 7 y 9 horas de sueño nocturno para mantener una buena salud física y mental. Lo ideal es no dormir menos de 6 horas ni más de 9”, puntualizó. También, Correa destacó la importancia de respetar los ritmos naturales del organismo. “Existe un rango horario ideal influenciado por el ritmo circadiano. Lo recomendable es dormirse entre las 22:00 y las 23:00 horas y despertar entre las 6:45 y las 7:00 de la mañana“, indicó. Consejos para mejorar la calidad de sueño En relación con el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir, la directora de Salud advirtió que esta práctica afecta negativamente la calidad del descanso. “Usar el celular o ver televisión antes de dormir afecta negativamente la calidad del sueño”, afirmó. “La luz azul de las pantallas reduce la producción de melatonina, que es la hormona del sueño, y aumenta el cortisol, lo que dificulta conciliar el sueño y provoca despertares nocturnos. Por eso es muy recomendable evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a acostarse”, detalló la directora de Santo Tomás. Finalmente, la especialista entregó algunas recomendaciones simples que pueden ayudar a mejorar la calidad del sueño. Para dormir mejor es fundamental: – Mantener un horario constante para acostarse. – Apagar las pantallas una hora antes de dormir y procurar que el ambiente esté oscuro y fresco. – Cenar liviano y evitar el café, el té, la nicotina y el alcohol durante la noche. – Actividades como leer, escuchar música suave o tomar un baño caliente pueden favorecer la relajación y facilitar un descanso profundo y reparador. Fuente: biobiochile.cl
Un estudio internacional, liderado por el Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), reveló que el entrenamiento de fuerza es capaz de revertir el envejecimiento cerebral entre 1,4 y 2,3 años. El hallazgo, publicado en la revista GeroScience, desafía la noción de que solo el ejercicio aeróbico beneficia al sistema nervioso. Mediante el uso de neuroimágenes y modelos de inteligencia artificial conocidos como « relojes cerebrales «, los científicos analizaron a 309 adultos mayores sometidos a un año de entrenamiento supervisado. Los resultados arrojaron que el ejercicio de resistencia no solo mejora la condición física, sino que rejuvenece la conectividad neuronal de forma global. A diferencia de las personas con hábitos sedentarios, quienes integraron rutinas de pesas y resistencia en su día a día mostraron un fortalecimientoen la corteza prefrontal. Esta zona es fundamental para el capital cerebral, ya que coordina funciones ejecutivas como la memoria de trabajo y la capacidad de tomar decisiones complejas. «Del mismo modo que la demencia acelera el envejecimiento cerebral, el ejercicio podría retrasarlo «, explica Agustín Ibáñez, director de BrainLat UAI y uno de los líderes del trabajo. Para el experto, este descubrimiento abre una ventana de oportunidad para diseñar políticas públicas que promuevan la salud mental a través del cuerpo. Además, la investigación determinó que los beneficios no son efímeros; las evaluaciones realizadas un año después de finalizar el programa demostraron que la «juventud» recuperada por el cerebro persistía en el tiempo. Fuerza muscular como biomarcador de salud mental El estudio comparó dos niveles de intensidad: un entrenamiento de alta resistencia (HRT) y uno de intensidad moderada (MIT). Sorprendentemente, ambos grupos lograron reducir su edad cerebral de manera similar. Esto sugiere que no es necesario ser un atleta de alto rendimiento para obtener resultados; incluso dosis moderadas de ejercicio de fuerza generan beneficios biológicos medibles. Un dato clave del informe es la correlación directa entre la fuerza física y la integridad del sistema nervioso central. Los científicos detectaron que a mayor aumento de la fuerza muscular, menor es la brecha de edad cerebral. Este vínculo posiciona a la salud musculoesquelética como un biomarcador esencial para predecir el estado del cerebro. Para los autores, el mensaje es el siguiente: el entrenamiento de resistencia no es solo una cuestión de estética o salud física, sino una herramienta de prevención clave para proteger el cerebro en la vejez.
El envejecimiento no irrumpe de golpe: se desliza con discreción en los pliegues de nuestra biología. Un día descubrimos que la pisada es menos firme, que el equilibrio vacila, que la agilidad se vuelve más esquiva. Durante décadas, la ciencia asumió este declive motor como un destino inevitable, un epílogo natural de la vida. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad McGill ilumina un mecanismo concreto que traduce el paso del tiempo con torpeza corporal. El trabajo, liderado por Eviatar Fields en el laboratorio de la profesora Alanna Watt, identifica un vínculo causal entre la disminución de la actividad eléctrica de ciertas neuronas del cerebelo (las células de Purkinje) y el deterioro de la coordinación motora. Publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences , el estudio no solo describe un fenómeno asociado a la edad, sino que demuestra que modular la actividad neuronal puede revertir parcialmente sus efectos en modelos animales. El latido eléctrico del movimiento El cerebelo, esa estructura situada en la parte posterior del cerebro, es el gran afinador del gesto. No inicia los movimientos, pero los corrige, los ajusta y los sincroniza. En su interior, las células de Purkinje actúan como nodos maestros: integran información sensorial y señales internas del cuerpo para emitir órdenes de precisión. A diferencia de muchas neuronas, estas células poseen la capacidad de disparar impulsos eléctricos de forma espontánea. Ese fuego intrínseco y rítmico es esencial para mantener la armonía motora. Para examinar cómo la edad altera este patrón, los investigadores estudiaron ratones jóvenes (dos meses) y ancianos (entre 18 y 24 meses). Las diferencias fueron evidentes: los animales mayores cruzaban con mayor dificultad una viga elevada y abandonaban antes la prueba del Rotarod, una barra giratoria que exige equilibrio y coordinación. Estos déficits reproducen, a pequeña escala, el deterioro observado en humanos. El siguiente paso fue más revelador. Mediante registros electrofisiológicos, el equipo comprobó que las células de Purkinje de los ratones ancianos disparaban con menor frecuencia. No se trataba solo de una correlación: la actividad eléctrica había menguado de forma significativa. Y en ese descenso latía una sospecha poderosa: ¿y si la pérdida de coordinación no fuera simplemente consecuencia de la edad, sino del debilitamiento de este pulso neuronal? Manipular el tiempo en el laboratorio Para poner a prueba la hipótesis, los investigadores recurrieron a una herramienta genética conocida como DREADD (receptores diseñados que se activan exclusivamente con fármacos específicos). Este sistema permite aumentar o disminuir la excitabilidad neuronal con precisión quirúrgica. En ratones jóvenes, los científicos redujeron artificialmente la frecuencia de disparo de las células de Purkinje, imitando el patrón observado en los animales envejecidos. El resultado fue contundente: los jóvenes manipulados descendían antes del Rotarod que sus pares intactos. En otras palabras, al “envejecer” eléctricamente sus neuronas, su desempeño motor también envejecía. El experimento inverso ofreció un espejo esperanzador. Al incrementar la actividad de las células de Purkinje en ratones ancianos, estos lograron permanecer más tiempo sobre la barra giratoria. La coordinación mejoró. Reactivar el pulso neuronal restauraba, al menos en parte, la destreza perdida. Una segunda prueba reforzó la conclusión. Tras aprender a tirar de una cuerda de un metro para obtener un premio alimenticio, los ratones mayores cometían más errores que los jóvenes. Sin embargo, cuando se estimuló la actividad de sus neuronas cerebelosas, los fallos disminuyeron de forma notable. La evidencia apuntaba en la misma dirección: la reducción del disparo espontáneo de las células de Purkinje no era un epifenómeno, sino un motor directo del deterioro. Más allá del laboratorio: caídas y calidad de vida Las implicaciones trascienden el modelo animal. La pérdida de coordinación en la vejez no es un simple inconveniente: está asociada a un aumento en la frecuencia de caídas, uno de los principales factores de discapacidad en personas mayores. Una fractura puede cambiarlo todo : autonomía, movilidad, incluso esperanza de vida. Comprender el mecanismo neural que subyace a este declive abre la puerta a estrategias terapéuticas orientadas no solo a tratar, sino a prevenir. Además, alteraciones similares en la actividad cerebelosa han sido descritas en trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer. Si la disfunción de las células de Purkinje contribuye tanto al envejecimiento normal como a patologías más graves, intervenir sobre su excitabilidad podría tener efectos amplificados. El hallazgo sugiere que el envejecimiento motor no es una marea inevitable, sino un proceso biológicamente modulable. La coordinación motora ha sido históricamente menos explorada en la investigación sobre envejecimiento que la memoria o la cognición. Sin embargo, en una población global cada vez más longeva, preservar la movilidad es preservar la independencia. Y la independencia, en última instancia, es dignidad.
Este sábado se concreto el cambio al horario de invierno, retrasando los relojes en una hora. Aunque para muchos adultos puede parecer un ajuste menor, en las familias con niños este tipo de modificaciones suele vivirse de forma distinta. En medio de rutinas escolares, horarios exigentes y cansancio acumulado, cualquier alteración puede impactar más de lo esperado en el día a día. En la infancia, los horarios no son solo organización: son parte de la estabilidad emocional. Dormir, comer y realizar actividades a horas predecibles ayuda a los niños a sentirse seguros y a regular mejor su energía y sus emociones. Por eso, cuando estos ritmos cambian, incluso levemente, el proceso de adaptación puede ser más desafiante.“ Los niños no siempre logran expresar que están cansados o desajustados. Muchas veces lo que aparece es irritabilidad, mayor sensibilidad o conductas que los adultos interpretan como ‘desobediencia’, cuando en realidad hay un malestar detrás ”, explica la Dra. Labbé, psiquiatra infanto juvenil y directora médica de Clínica MirAndes Manquehue. Durante los primeros días tras el cambio de hora, es esperable observar dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos o mayor somnolencia durante el día. A esto se pueden sumar cambios en el ánimo, como mayor frustración, llanto fácil o menor tolerancia a los cambios. “ También puede haber un impacto en la atención y en la capacidad de concentración, lo que a veces se traduce en un peor rendimiento escolar o mayor inquietud en clases, especialmente en los primeros días”, agrega la especialista. El impacto no es igual para todos. Niños más pequeños, aquellos con rutinas muy estructuradas o con dificultades previas de sueño pueden requerir más tiempo para adaptarse. Asimismo, en niños dentro del espectro autista, donde la predictibilidad es clave, estos cambios pueden generar mayor desregulación emocional o conductual. “ En estos casos, anticipar lo que va a pasar, explicar los cambios con tiempo y acompañar con mayor contención puede marcar una gran diferencia en cómo los niños enfrentan la transición ”, señala la Dra. Labbé. Frente a este escenario, los especialistas recomiendan facilitar la adaptación con medidas simples: mantener horarios consistentes, reducir la exposición a pantallas antes de dormir, y aprovechar la luz natural durante la mañana para ayudar a regular el ciclo de sueño. “ Más que hacer cambios bruscos, lo ideal es ajustar las rutinas de forma gradual y sostener hábitos que den seguridad. La repetición y la consistencia son clave para que los niños logren adaptarse ”, explica. Si bien la mayoría de los niños se ajusta en pocos días, es importante estar atentos a ciertas señales. Cuando las dificultades para dormir se prolongan, el cansancio es persistente o los cambios en el ánimo afectan el funcionamiento diario, puede ser necesario consultar. “ Un buen indicador es observar si el niño logra recuperar su energía y su ánimo habitual con el paso de los días. Si eso no ocurre, o si el malestar va en aumento, es importante pedir orientación profesional”, advierte la psiquiatra. En un escenario donde el descanso es fundamental para el desarrollo, este cambio de hora también puede ser una oportunidad para mirar las rutinas familiares con mayor atención. Acompañar, anticipar y ajustar las expectativas durante estos días puede ayudar a que la transición sea más amable, tanto para los niños como para sus cuidadores.
Probablemente haya escuchado mucho sobre el vapeo últimamente. Puede que también sepa sobre el reciente brote de lesiones pulmonares y muertes relacionadas con el vapeo en los EE. UU. Pero esos no son los únicos riesgos que conlleva el vapeo. Esto es lo que necesita saber. Los dispositivos de vapeo, también conocidos como cigarrillos electrónicos, plumas de vapeo y cachimbas electrónicas, entre otros términos, vienen en muchas formas y tamaños. Algunos parecen cigarrillos, cigarros o pipas tradicionales. Otros tienen la forma de objetos cotidianos, como bolígrafos o memorias USB. Si bien pueden parecer diferentes, la mayoría de los dispositivos de vapeo funcionan de manera similar. La inhalación activa un dispositivo de calentamiento a batería. Esto calienta el líquido en un cartucho, convirtiéndolo en vapores que se inhalan. El vapeo expone los pulmones a una variedad de productos químicos. Estos pueden incluir los principales productos químicos activos en el tabaco (nicotina) o marihuana (THC), saborizantes y otros ingredientes que se agregan a los líquidos de vapeo. Además, se pueden producir otros productos químicos durante el proceso de vapeo. Si el líquido contiene nicotina, el usuario está inhalando nicotina junto con los otros ingredientes en el líquido, explica el Dr. Thomas Eissenberg, experto en investigación del tabaco en la Universidad de la Mancomunidad de Virginia. Si bien los dispositivos de vapeo funcionan de manera similar, algunos son más potentes que otros. Crean más vapor y liberan más productos químicos. Entonces, ¿qué tan seguro es el vapeo? Los estudios sugieren que el vapeo de nicotina puede ser menos dañino que los cigarrillos tradicionales cuando las personas que fuman regularmente cambian a ellos como un reemplazo completo. Pero el vapeo de nicotina aún podría dañar su salud. Los pulmones no están diseñados para lidiar con el desafío constante de la falta de aire que las personas les están provocando — a veces hasta 200 inhalaciones al día — día tras día, semana tras semana, año tras año, dice Eissenberg. Está inhalando propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes que se hicieron para comer pero no para inhalar, y nicotina, explica. “Y todos esos se calientan en un pequeño reactor, que es un cigarrillo electrónico. Cuando se calientan, esos componentes pueden convertirse en otros químicos potencialmente peligrosos. Una sustancia química nociva puede ser un agente espesante llamado acetato de vitamina E, que a veces se usa como aditivo en productos de vapeo que contienen THC. Los CDC lo identificaron como un químico preocupante entre las personas con lesiones pulmonares asociadas al vapeo. Recomiendan evitar cualquier producto de vapeo que contenga acetato de vitamina E o THC, particularmente aquellos de fuentes informales como amigos, familiares, o distribuidores en persona o por Internet. El vapeo ahora es más popular entre los adolescentes que el fumar cigarrillos tradicionales. Uno de cada cuatro estudiantes de último año de secundaria dice que vapeó nicotina en el último mes. Y los estudios han descubierto que los adolescentes que vapean nicotina pueden ser más propensos a fumar cigarrillos tradicionales. El vapeo de marihuana también ha aumentado dramáticamente entre los adolescentes. Alrededor del 20% de los estudiantes de último año de secundaria vapearon marihuana en el último año. Las tasas se han más que duplicado en los últimos dos años. Las nuevas leyes tienen como objetivo frenar el vapeo entre los adolescentes. Las personas ahora deben tener 21 años para comprar cualquier producto de tabaco, incluidos los productos de vapeo. Y las empresas ya no pueden producir y vender sabores que atraigan a los niños, como fruta y menta.
Dormir bien no solo permite recuperar energía, sino que también influye directamente en la salud cardiovascular, metabólica y emocional de las personas. Por ello, mantener una adecuada higiene del sueño es un factor clave para el bienestar físico y mental. En este sentido, Claudia Correa, directora del área de Salud en IP-CFT Santo Tomás, sede Santiago Centro, enfatizó que un descanso adecuado es fundamental para un estilo de vida saludable y que pequeños cambios en los hábitos diarios pueden marcar una gran diferencia en la calidad del sueño. Un punto clave en este proceso es la higiene del sueño. La profesional explicó que corresponde al conjunto de hábitos que facilitan un descanso reparador. “No cuidarla conlleva riesgos graves que afectan prácticamente todos los sistemas de nuestro organismo”, agregó. “La privación de sueño causa cansancio, ansiedad, depresión, mal humor e irritabilidad, reduce la capacidad de concentración, el aprendizaje y la memoria”, precisó Correa. ¿Qué pasa si no duermo lo suficiente? La directora advirtió que los efectos de un mal descanso también pueden manifestarse a largo plazo en la salud física, ya que “aumenta el riesgo de desarrollar un gran número de enfermedades a largo plazo, como una baja en la inmunidad y trastornos cardiovasculares”. La experta mencionó que no tener un buen dormir “eleva la presión arterial y la frecuencia cardíaca, incrementando el riesgo de hipertensión, infartos y accidentes cerebrovasculares. También puede favorecer trastornos metabólicos como la obesidad y la aparición de diabetes tipo 2“. Horarios para dormir mejor Respecto a las horas recomendadas de descanso, la especialista indicó que los adultos necesitan un rango adecuado de sueño para mantener una buena salud. “En general, los adultos necesitan entre 7 y 9 horas de sueño nocturno para mantener una buena salud física y mental. Lo ideal es no dormir menos de 6 horas ni más de 9”, puntualizó. También, Correa destacó la importancia de respetar los ritmos naturales del organismo. “Existe un rango horario ideal influenciado por el ritmo circadiano. Lo recomendable es dormirse entre las 22:00 y las 23:00 horas y despertar entre las 6:45 y las 7:00 de la mañana“, indicó. Consejos para mejorar la calidad de sueño En relación con el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir, la directora de Salud advirtió que esta práctica afecta negativamente la calidad del descanso. “Usar el celular o ver televisión antes de dormir afecta negativamente la calidad del sueño”, afirmó. “La luz azul de las pantallas reduce la producción de melatonina, que es la hormona del sueño, y aumenta el cortisol, lo que dificulta conciliar el sueño y provoca despertares nocturnos. Por eso es muy recomendable evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a acostarse”, detalló la directora de Santo Tomás. Finalmente, la especialista entregó algunas recomendaciones simples que pueden ayudar a mejorar la calidad del sueño. Para dormir mejor es fundamental: – Mantener un horario constante para acostarse. – Apagar las pantallas una hora antes de dormir y procurar que el ambiente esté oscuro y fresco. – Cenar liviano y evitar el café, el té, la nicotina y el alcohol durante la noche. – Actividades como leer, escuchar música suave o tomar un baño caliente pueden favorecer la relajación y facilitar un descanso profundo y reparador. Fuente: biobiochile.cl
Un estudio internacional, liderado por el Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), reveló que el entrenamiento de fuerza es capaz de revertir el envejecimiento cerebral entre 1,4 y 2,3 años. El hallazgo, publicado en la revista GeroScience, desafía la noción de que solo el ejercicio aeróbico beneficia al sistema nervioso. Mediante el uso de neuroimágenes y modelos de inteligencia artificial conocidos como « relojes cerebrales «, los científicos analizaron a 309 adultos mayores sometidos a un año de entrenamiento supervisado. Los resultados arrojaron que el ejercicio de resistencia no solo mejora la condición física, sino que rejuvenece la conectividad neuronal de forma global. A diferencia de las personas con hábitos sedentarios, quienes integraron rutinas de pesas y resistencia en su día a día mostraron un fortalecimientoen la corteza prefrontal. Esta zona es fundamental para el capital cerebral, ya que coordina funciones ejecutivas como la memoria de trabajo y la capacidad de tomar decisiones complejas. «Del mismo modo que la demencia acelera el envejecimiento cerebral, el ejercicio podría retrasarlo «, explica Agustín Ibáñez, director de BrainLat UAI y uno de los líderes del trabajo. Para el experto, este descubrimiento abre una ventana de oportunidad para diseñar políticas públicas que promuevan la salud mental a través del cuerpo. Además, la investigación determinó que los beneficios no son efímeros; las evaluaciones realizadas un año después de finalizar el programa demostraron que la «juventud» recuperada por el cerebro persistía en el tiempo. Fuerza muscular como biomarcador de salud mental El estudio comparó dos niveles de intensidad: un entrenamiento de alta resistencia (HRT) y uno de intensidad moderada (MIT). Sorprendentemente, ambos grupos lograron reducir su edad cerebral de manera similar. Esto sugiere que no es necesario ser un atleta de alto rendimiento para obtener resultados; incluso dosis moderadas de ejercicio de fuerza generan beneficios biológicos medibles. Un dato clave del informe es la correlación directa entre la fuerza física y la integridad del sistema nervioso central. Los científicos detectaron que a mayor aumento de la fuerza muscular, menor es la brecha de edad cerebral. Este vínculo posiciona a la salud musculoesquelética como un biomarcador esencial para predecir el estado del cerebro. Para los autores, el mensaje es el siguiente: el entrenamiento de resistencia no es solo una cuestión de estética o salud física, sino una herramienta de prevención clave para proteger el cerebro en la vejez.
El envejecimiento no irrumpe de golpe: se desliza con discreción en los pliegues de nuestra biología. Un día descubrimos que la pisada es menos firme, que el equilibrio vacila, que la agilidad se vuelve más esquiva. Durante décadas, la ciencia asumió este declive motor como un destino inevitable, un epílogo natural de la vida. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad McGill ilumina un mecanismo concreto que traduce el paso del tiempo con torpeza corporal. El trabajo, liderado por Eviatar Fields en el laboratorio de la profesora Alanna Watt, identifica un vínculo causal entre la disminución de la actividad eléctrica de ciertas neuronas del cerebelo (las células de Purkinje) y el deterioro de la coordinación motora. Publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences , el estudio no solo describe un fenómeno asociado a la edad, sino que demuestra que modular la actividad neuronal puede revertir parcialmente sus efectos en modelos animales. El latido eléctrico del movimiento El cerebelo, esa estructura situada en la parte posterior del cerebro, es el gran afinador del gesto. No inicia los movimientos, pero los corrige, los ajusta y los sincroniza. En su interior, las células de Purkinje actúan como nodos maestros: integran información sensorial y señales internas del cuerpo para emitir órdenes de precisión. A diferencia de muchas neuronas, estas células poseen la capacidad de disparar impulsos eléctricos de forma espontánea. Ese fuego intrínseco y rítmico es esencial para mantener la armonía motora. Para examinar cómo la edad altera este patrón, los investigadores estudiaron ratones jóvenes (dos meses) y ancianos (entre 18 y 24 meses). Las diferencias fueron evidentes: los animales mayores cruzaban con mayor dificultad una viga elevada y abandonaban antes la prueba del Rotarod, una barra giratoria que exige equilibrio y coordinación. Estos déficits reproducen, a pequeña escala, el deterioro observado en humanos. El siguiente paso fue más revelador. Mediante registros electrofisiológicos, el equipo comprobó que las células de Purkinje de los ratones ancianos disparaban con menor frecuencia. No se trataba solo de una correlación: la actividad eléctrica había menguado de forma significativa. Y en ese descenso latía una sospecha poderosa: ¿y si la pérdida de coordinación no fuera simplemente consecuencia de la edad, sino del debilitamiento de este pulso neuronal? Manipular el tiempo en el laboratorio Para poner a prueba la hipótesis, los investigadores recurrieron a una herramienta genética conocida como DREADD (receptores diseñados que se activan exclusivamente con fármacos específicos). Este sistema permite aumentar o disminuir la excitabilidad neuronal con precisión quirúrgica. En ratones jóvenes, los científicos redujeron artificialmente la frecuencia de disparo de las células de Purkinje, imitando el patrón observado en los animales envejecidos. El resultado fue contundente: los jóvenes manipulados descendían antes del Rotarod que sus pares intactos. En otras palabras, al “envejecer” eléctricamente sus neuronas, su desempeño motor también envejecía. El experimento inverso ofreció un espejo esperanzador. Al incrementar la actividad de las células de Purkinje en ratones ancianos, estos lograron permanecer más tiempo sobre la barra giratoria. La coordinación mejoró. Reactivar el pulso neuronal restauraba, al menos en parte, la destreza perdida. Una segunda prueba reforzó la conclusión. Tras aprender a tirar de una cuerda de un metro para obtener un premio alimenticio, los ratones mayores cometían más errores que los jóvenes. Sin embargo, cuando se estimuló la actividad de sus neuronas cerebelosas, los fallos disminuyeron de forma notable. La evidencia apuntaba en la misma dirección: la reducción del disparo espontáneo de las células de Purkinje no era un epifenómeno, sino un motor directo del deterioro. Más allá del laboratorio: caídas y calidad de vida Las implicaciones trascienden el modelo animal. La pérdida de coordinación en la vejez no es un simple inconveniente: está asociada a un aumento en la frecuencia de caídas, uno de los principales factores de discapacidad en personas mayores. Una fractura puede cambiarlo todo : autonomía, movilidad, incluso esperanza de vida. Comprender el mecanismo neural que subyace a este declive abre la puerta a estrategias terapéuticas orientadas no solo a tratar, sino a prevenir. Además, alteraciones similares en la actividad cerebelosa han sido descritas en trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer. Si la disfunción de las células de Purkinje contribuye tanto al envejecimiento normal como a patologías más graves, intervenir sobre su excitabilidad podría tener efectos amplificados. El hallazgo sugiere que el envejecimiento motor no es una marea inevitable, sino un proceso biológicamente modulable. La coordinación motora ha sido históricamente menos explorada en la investigación sobre envejecimiento que la memoria o la cognición. Sin embargo, en una población global cada vez más longeva, preservar la movilidad es preservar la independencia. Y la independencia, en última instancia, es dignidad.